I –  “EL CIELO”  

PERSONAJES

LOCO
MUJER
NIÑO
PÁJAROS

 

Un loco con una flor en una mano y un puñal de plástico en la otra. Es de mañana, trinan los pájaros, el viento entre las hojas amarillas de un álamo delgado y muy alto que ocupa el centro de la escena. El loco está apoyado contra el tronco del árbol. De pronto se aleja y mira al mismo en un movimiento lento, de abajo hacia arriba ; cambia de ubicación, se coloca en el otro extremo y hace lo mismo.

LOCO –  ¡Qué brutalidad!…Ayer…sí, ayer, era ayer…, puse una semilla pequeña bajo la tierra reseca y hoy te miro, más alto que yo. Sabés lo que es el cielo y yo sólo me tengo que conformar con verlo.

Entran una mujer y un niño muy pobres tomados de la mano.

MUJER –  Mi niño tiene hambre y yo estoy cansada.

LOCO –  Yo tengo una flor marchita y un puñal que no sirve para nada.

MUJER – Y  ese árbol ¿a quién le pertenece?

LOCO –  Creo que a mí.

Silencio. Todos miran el árbol, lentamente, de abajo hacia arriba.

LOCO –  Podemos cortarlo por la mitad. Una mitad será suya y la otra será mía.

Con su mitad puede hacer lo que quiera. Con la mía, encenderé una fogata que dure toda la noche. Me dormiré junto a ella mientras pienso  en las estrellas y en la distancia.

MUJER – Está bien.  Busquemos un hacha.

Salen. El niño queda solo. Silencio. El cielo se torna de un azul muy intenso. De pronto surge una bandada de pájaros rojos que vuelan ágilmente alrededor  del árbol y del niño. Este sigue quieto, como alucinado. Uno de los pájaros se posa en su cabeza  y luego de un momento escapa con el gorrito que el pequeño llevaba puesto. Todos los pájaros desaparecen. A lo lejos se escuchan ladridos de perros mientras la luna aparece sobre un  costado, redonda y blanca.

NIÑO – ¡La luna! ¡Luna….atrapáme!

Entusiasmado mira la luna mientras corretea y ríe dando vueltas alrededor del álamo. Se detiene de pronto y lo mira, como estudiándolo, y luego comienza a treparlo. Con dificultad logra llegar al punto más alto. Al llegar respira profundamente. Su figura se recorta semioscura delante de la luna. Entran la mujer y el loco. Este trae un hacha; la mujer tiene la flor en una mano y el puñal de plástico en la otra. El loco comienza a hachar el tronco del árbol.

LOCO – (Mientras trabaja)  Sí, una fogata es lo que voy a hacer. Una fogata fuerte y vigorosa, que dé luz y que baile mientras  yo me duermo y bebo un buen vaso  de licor ardiente.  Las sombras del bosque cobrarán vida, parecerán  fantasmas movedizos o siluetas oscuras que con temor observarán desde el follaje  el brillo de mi fuego. (Suspira) Y dormiré, sí, muchos días junto al fuego, y de  noche soñaré con las estrellas  del cielo y me olvidaré de la distancia. (Descansa y parece soñar).

MUJER – (Al loco, con energía) Más fuerte, golpée más fuerte. (El loco recomienza con el hacha). Uno, dos, tres…más rápido, hombre, con más fuerza , más fuerte, con todas las fuerzas, apúrese porque alguien nos puede quitar lo que es nuestro. Otra vez, uno, dos, tres…de nuevo, déle, de nuevo, no se canse tan rápido. Uno, dos, tres…

NIÑO – (Desde lo alto del árbol) ¡El cielo! ¡El cielo! (Eleva sus manos para tocarlo. La luna baja lentamente y lentamente aparece el sol) ¡El cielo! ¡Qué lindo! (Todo es de un color rojizo y suave. El niño habla casi murmurando) ¡El cielo!

Aparece una bandada de pájaros azules que revolotean alrededor del niño. Un pájaro toma con su pico al pequeño y con esfuerzo lo aparta del árbol. Todos los pájaros lo ayudan y juntos desaparecen de la escena llevándose al niño que ríe sonoramente. Mientras, el loco ha seguido hachando y la mujer lo acompaña alentándolo. Se escucha el sonido del viento y el piar de pájaros, en la distancia, que se alejan.

 

                                                        TELÓN

 

II – “HISTORIA EN EL BOSQUE DE PINOS AZULES”

 

PERSONAJES

NIÑO
MADRE
ARAÑA
DOS ARAÑITAS
UNA PALOMA NEGRA
HOMBRE

 

Un bosque de pinos azules; mucho follaje rojizo. Sol (o luna), cualquiera sea elegido,  se destaca en plenitud en medio de un cielo de color tiza. Hacia la izquierda , atada entre las ramas de dos pinos, una hamaca de madera sostenida por dos gruesos cordeles. Hamacándose, un niño de seis años, o de siete tal vez, cierra los ojos al elevarse y grita suavemente, emitiendo como un pequeño chillido que denota la alegría de alcanzar mayores alturas en su balanceo constante. Sobre el silencioso y verde pasto dormido una araña blanca de patas largas y finísimas camina como una bailarina que mide rigurosamente cada uno de los movimientos de sus patas y al ver al niño se detiene un tanto alarmada. Insegura, retrocede con sigilo y desaparece por el mismo lugar por donde había salido. Desde una remota lejanía se escucha la dulcísima voz de una mujer, la madre del niño.

VOZ DE MADRE: ¡Hijo!

El niño sigue hamacándose sin preocupación. Nuevamente la voz: ¡Hijo! , pero ésta vez al escucharla el pequeño detiene abruptamente su juego, desciende de la hamaca y se esconde detrás de uno de los pinos. La madre es joven, con una larga y abundante cabellera.

MADRE: ¡Hijo!…Es tarde. El pan y la sopa ya están sobre la mesa, y también un delicioso postre que estuve preparando toda la tarde. (Espera. Con intención más enérgica) Tus hermanos se quejan de hambre y de sueño y yo estoy cansada de decirles que te esperen. Ellos se quejan. Tienen una y mil quejas sobre ti. Yo les digo que te esperen, que lo primero es comer, pero todos juntos, y lo segundo rezar para agradecerle a Dios nuestros alimentos, y lo tercero es dormir y por último, jugar.

El niño pasa de un pino a otro como jugando a las escondidas. La madre lo busca como participando del juego.

MADRE: Si te descubro, pequeño sabandija, te agarraré las orejas…y te las tiraré tan fuerte y tanto y tanto que te quedarán enormes, como orejas de elefantes. Tendrás las orejas tan grandes que tus hermanos todo el tiempo se burlarán de ti y yo no les diré nada porque hoy te has portado mal.(Busca) ¡Hijo! (Con enojo) Ufff…cómo me haces enojar, pones mis nervios de punta.¿Dónde estás?¿Dónde te has metido? Quiero que vengas aquí inmediatamente. (Se sienta en la hamaca y se balancea débilmente. Silencio. El niño la espía sigilosamente desde lejos) Está bien, está bien…Me iré a casa y aquí te atraparán los lobos, si, si…o tal vez un horrible y gigantesco caracol con los dientes de un cocodrilo , y el pan en la mesa quedará seco, reseco, como una piedra más. Ah!!…(se incorpora), y a las cuerdas de tu hamaca las cortaré con las mismas tijeras con que corto tus camisas y la de tus hermanos y entonces los pinos que tanto te gustan se pondrán tristes porque sentirán tu ausencia. (Espera) ¡Hijo! (Yéndose) ¡Hijo! (Desaparece entre los pinos refregándose las manos en su blanco y roído delantal)¡Hijo!

Una paloma negra pone un huevo blanco en un nido ubicado en lo alto de uno de los pinos, un pequeño nido hecho de pajas, hojitas, plumas y trocitos de lana de muchos colores. Luego se eleva, revolotea mansamente sobre el nido y con aletear presuroso desaparece de escena. El niño, que ha visto la escena, trepa hasta llegar al nido

NIÑO: (Al huevo) ¡pssst!…¡pssst!

La araña blanca vuelve a aparecer y transita sobre el pasto verde apresuradamente, mientras la siguen dos arañitas pequeñas y movedizas del mismo color y en sus bocas llevan trocitos finos y delgadísimos de hilos de color oro. Antes de que desaparezcan el niño desde la altura las ve.

NIÑO: Ey, ey…arañas, arañitas. Ey, ustedes tres, no se hagan las distraídas. (Las tres se detienen) Aquí, dentro de este huevo tan pequeño, ¿habrá una palomita o un palomito?

Las arañas desaparecen y el niño haciendo un breve esfuerzo estira su cuello y coloca su oído sobre le huevo que de pronto resbala y cae al suelo.  Gran estruendo, como truenos y relámpagos que anunciaran una feroz tormenta que se acerca. El niño baja del pino y se acerca lentamente hacia el lugar donde ha quedado el huevo. Con sus manos, delicadamente, separa los pedazos trizados de cáscara y observa. Silencio. Largo silencio. Se aparta hacia un rincón, se sienta en el suelo y cubriéndose el rostro con las manos llora. Las dos arañitas con hilos color oro en sus bocas se trepan en la hamaca y se hamacan mientras cantan:

ARAÑITAS: El niño es malo, malo, malo
                El niño llora ahora porque es malo
                ¿Ha muerto un palomito
                o ha muerto una palomita?
                El niño malo, malo, malo
                es quién los ha matado

Silencio. Las arañitas ríen y se balancean. El niño sigue llorando. De pronto un brusco movimiento entre el follaje. La luna(o el sol) se oscurece. El bosque se torna brumoso y sombrío. Las arañitas velozmente se van. Aparece un hombre, alto, muy alto, tan alto como cualquiera de los pinos azules. Tiene una nariz puntiaguda y de sus manos delgadas y blancas sobresalen largas uñas negras. No tiene cabello pero si tiene ojo, un solo ojo, el izquierdo o el derecho.

HOMBRE: (Acercándose al niño y con voz ronca) ¿Por qué lloras, pequeño? ¿No sabes acaso que los hombres no deben llorar? Levántate y acércate.

El niño se incorpora tímidamente y el hombre, sacando un sucio pañuelo le seca las lágrimas. Se escucha el chistido de una lechuza y el aullido de un lobo y tal vez el silbato agudo de un tren de carga que pasa a la distancia. El hombre levanta del suelo el cadáver amarillo del pájaro muerto y lo expone ante el niño y gesticula negativamente, sombríamente.

HOMBRE: No, no, no.( Resopla con su nariz puntiaguda) No, no y no. Esto ha sido un asesinato , uno de los asesinatos más crueles que he visto en mi vida.

NIÑO:(Desconsolado) fue sin mala intención, señor. Yo sólo puse mi oído sobre el huevo para escuchar y adivinar si lo que nacería sería palomita o palomito, pero de pronto y sin poder evitarlo el…

HOMBRE: ( Interrumpe con severidad) ¡Asesinato!…Bah, muerte, o como quieras llamarlo. De todos modos ya nada puede hacerse. Nunca sabremos si sería paloma o palomo. Cuando las cosas suceden, suceden. Vamos a enterrarlo.

Juntos cavan un pozo no muy profundo y la tierra que extraen con sus propias manos es oscura. Introducen el desarmado  cuerpecito del pájaro amarillo, tapan el agujero y el niño busca dos palitos, los ata formando una cruz pequeña y la coloca sobre la tumba.

HOMBRE : Ahora, pequeño, por respeto y tradición, hay que sacarse el sombrero.

NIÑO: Pero yo no tengo sombrero, ni usted.

HOMBRE: (Pensando) Entonces….entonces…entonces…(Camina de un lado a otro mientras piensa) Entonces debemos desnudarnos. (El niño lo mira sin entender. El hombre se le acerca, y lo toma del hombro con un gesto oscuro y tenso) Si, pequeño…ya que no tenemos sombreros para cumplir con la ceremonia del entierro , deberemos desnudarnos; desnudarnos. Estaremos desnudos en mi casa que queda allá (Señala un lugar).

NIÑO: ¿Dónde?

HOMBRE: Allá (Señala hacia otro lugar)

NIÑO: No quiero.

HOMBRE: ( Presionándolo con su actitud) Lo haremos y ya. Punto. Es lo menos que puedes hacer después de haber cometido semejante desastre. Nos desnudaremos y nos pondremos tristes y rezaremos por su alma y por la tuya. Y si tienes ganas de llorar yo te abrazaré tibiamente toda la noche hasta que las estrellas cierren los ojos o hasta que el sol arda en la espesura del cielo. No tengas miedo. Tu madre haría lo mismo que yo. Todo para redimir el mal que has hecho, porque debes entender que te has portado muy, muy mal y que has hecho un daño irreparable.

El hombre sostiene de los hombros al niño que no puede oponer resistencia y tiembla, porque tiene frío y porque tiene miedo. El hombre besa al niño en la cabeza, lo besa en la frente, lo besa en le hombro y lo besa en la boca. La lechuza vuelve a chistar desde algún lugar del follaje. La araña blanca pasa corriendo y se esconde. El hombre va desnudando al niño lentamente, abre su camisa, acaricia su pecho, lo sigue besando. El niño no hace nada; o sí, tiembla. Tiembla porque tiene frío y tiembla porque tiene miedo. El hombre lo toma de una de sus manos y lo conduce hacia su casa, que queda por allá, o por allá. Las arañitas riendo histriónicamente trepan sobre la cruz de palitos y la envuelven con un hilo de color oro y se van cantando la misma canción:

ARAÑITAS: El niño  es malo, malo, malo
                El niño tiembla ahora porque es malo
                ¿Ha muerto un palomito
                o ha muerto una palomita?
                El niño malo, malo, malo
                es quien los ha matado

MADRE: (Aparece refregándose las manos en su delantal) ¡Hijo! ¡Hijo! (Busca por todos lados, detrás de todos los pinos) ¡Hijo!¡Hijo!

La luz desciende lentamente. El sol (o la luna) está triste y de sus ojos caen caramelos envueltos en plateados y coloridos papeles. La madre sigue buscando y llamando. El follaje rojizo de los pinos azules parece una fogata. Un lobo aúlla en la distancia.

        
                                          

              TELÓN

 

 

III – “HACIA LA ISLA”

 

PERSONAJES

MUCHACHO DE BLANCO
MUCHACHO DE NEGRO
NIÑA
PERRO
MUERTO 1
MUERTO 2

 

La escena transcurre entre las bambalinas de un viejo teatro. Hay cortinas de terciopelo rojo, algunas escaleras, un biombo con dibujos infantiles, un perchero con vestuarios de distintas épocas, etc. Sentados en dos escaleras enfrentadas los dos muchachos se arrojan uno al otro un avioncito de papel que en algún momento desaparece de escena .Ambos personajes esperan que regrese. Silencio.

MUCHACHO DE BLANCO: Es mi ternura la que se deshace entre tus dedos como si fuera un cascote de barro reseco que se vuelve polvo en las manos de un niño solitario.

MUCHACHO DE NEGRO: Pero cuando la noche pase, millones de estrellas habrán muerto un poco más que en la noche anterior, y aunque la eternidad baile desnuda por siempre, no te preocupes amigo, los vientos helados se encargarán irremediablemente de erizar su piel de porcelana y sus ojos de almíbar llorarán cadenas de duro hierro.

Una niña blanca blanca blanca pasa montada en una bicicleta. Detrás la sigue un perro verde que olisquea las huellas y también los rincones del lugar. De pronto sus orejas se agudizan, su cola se paraliza y se acerca temeroso con su hocico húmedo a un montículo de ropa sucia y trastos viejos y olorosos. Un avioncito de papel sale volando de ahí y vuelve a desaparecer. Los muchachos aun sentados en las escaleras tienen apoyadas sus caras sobre sus manos y sus manos sobre sus rodillas y miran todo sin mirar nada.

PERRO: (Ladrando) A veces llevo en mis patas el olor de la hierba mojada que mi dueña riega cada tarde de primavera. Los huesos de un muerto que yo conozco están debajo de su jardín; añejos, pútridos, fríos , y reposan en silencio.

Salen las flores desde abajo, en el proscenio, amarillas y blancas…de tallos erguidos y con hojas puntiagudas. Una, dos, tres…hasta diez flores nacen, una a una. El perro las huele y las orina a todas. Las flores se desvanecen. El perro sale como saldría de escena un perro verde. El muerto de pronto se levanta, escupe una tierra amarronada y seca. Tiene ropa de gasa o de tules grises. En su rostro no hay boca ni nariz ni ojos. Una melodía de violines entristecidos y lánguidos como las  patas de una araña que raspan la superficie de un vidrio suena mientras el muerto busca debajo de la tierra, con sus manos finas, y desentierra un roído ataúd. Lo abre y ayuda  a salir a otro muerto igual a él. Los dos muertos son el mismo muerto.

MUERTO 1: (Sacudiéndole el polvo al otro) Bienvenido…la noche baila. Ya vez.

MUERTO 2: (Bostezando) Gracias. Tenía sed. (Silencio largo) ¿Me das un beso?

Muerto 1 besa a muerto 2. Luego se miran de costado, como estudiándose.

MUERTO 1: ¿Ya no tienes sed?

Muerto 2: Ya no. Pero no importa. Quiero dormir otra vez. Soñé que era una niña muy blanca blanca blanca y que paseaba en mi bicicleta de colores. De pronto un perro orinó sobre mi corazón ausente y desperté agitado. Ahora vuelvo al sueño. Quiero soñar. Soñar que soy un cuervo negro y de ojos brillantes, un cuervo que tiene sed y que encuentra un lago, sí, un ancho lago de olas perfumadas que estaba escondido del otro lado de las montañas.

MUERTO 1: Adiós.

MUERTO 2: Adiós.

Se abrazan y se besan nuevamente y tomados de la mano bailan suavemente mientras la luz los abandona y la música se vuelve viento.

MUCHACHO DE NEGRO: (Como despertando de un  largo pensamiento que lo atormentaba) Mi barco tiene un océano profundo por recorrer. Allá lejos hay una isla que nadie habita desde hace siglos.

MUCHACHO DE BLANCO: Tengo caramelos en los bolsillos, de manzana y de limón. Antes de que el sol vuelva a salir alcanzaremos la isla. ¿Vamos?

MUCHACHO DE NEGRO: Vámonos.

Bajan las escaleras. El muchacho de negro trae un barco de papel, parece pesado, trastabilla, no puede solo. Ambos lo miran. Silencio. El barco de papel se mueve solo, como si navegara sobre tempestuosas olas que lo arrastran de un lado hacia otro. Ruido de mar violento. Ambos suben precipitadamente al barco. El barco navega, seguro, firme, hacia la isla.

 

                                                   TELÓN

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