La sociedad actual en la que vivimos, compartimos y respiramos cada momento de nuestra vida, parece derrumbarse cada vez más y es que no para de presentar distintos colapsos sociales. La mayoría de las personas no hacen más que esconderse, voltear la mirada o simplemente seguir de largo y engañarse con la misma y repetitiva mentira de ‘’aquí no está pasando nada’’.

Hoy en día no se hace más que adoptar vicios y comportamientos absurdos, es como si algo estuviera pasando  en la calles, algo que logra dar un impacto por momentos y luego se pierde entre la memoria colectiva. Lo cierto es que si algo anda mal en la calles, algo anda mal en el mundo, la sociedad está tocando fondo porque la empatía se ha perdido y no saben dónde buscarla.

Desgraciadamente hemos caído en el fondo de la tecnología, por una parte los aparatos cada vez adquieren mayor inteligencia artificial y por la otra somos más dependientes de ella y cada vez más idiotas. No es un secreto que el ser humano ha buscado el sentido a través de numerosas religiones, la verdad  a través de los medios y sus ídolos en todo tipo de banalidades, no somos más que una sociedad ficticia a través de las redes sociales.

Cada vez somos personas más frívolas, frías y menos cultas, nos regimos por falsos estándares de belleza, manipulados por las campañas publicitarias que manejan las grandes industrias. Somos una generación narcisista persiguiendo ideales imposibles, aunque al mismo tiempo somos víctimas de una absurda obsesión por nuestra imagen y la violencia que se ejerce ante el concepto de  ‘’la verdadera belleza’’.

 Dicen que el cine y el teatro no son más que el reflejo de la realidad en la gran mayoría de los casos, es aquí donde entra un valioso interrogante: ¿por qué el teatro del absurdo refleja cada vez más la decadencia de nuestra sociedad? El teatro del absurdo abarca un conjunto de obras escritas que se caracterizan por falta de significado, diálogos repetitivos y falta de secuencia dramática.

Este tipo de teatro posee fuertes rasgos que cuestionan a la sociedad, el hombre y las teorías existencialistas, se componen por el arte, las incoherencias, los disparates y lo ilógico. A simple vista pueden percibirse como obras sin explicación, sentido o lógica alguna, pero esto no es más que el resultado de la incongruencia entre el pensamiento humano y los hechos, esto no es más que el vivo  reflejo de las conductas humanas.

En este tipo de obras abunda la incoherencia entre las ideologías y lo actos, sus personajes son pocos expresivos y presentan grandes obstáculos para comunicarse entre ellos mismos. Los decorados, utilerías y escenografías juegan un papel fundamental, pues hacen contraste al representar imaginariamente la realidad de los mensajes que se pretenden llevar, todo se presenta en un mundo vacío con objetos pesados que terminan dominando a todos los personajes.

El teatro del absurdo toca y refleja temas muy profundos, relacionados a situaciones que generan impacto y controversia, como lo susceptible que puede estar una civilización luego de sufrir un conflicto bélico o simplemente situaciones donde  sus personajes olvidan que pueden comunicarse el uno con los otros y donde muchas veces se refleja los abusos de poder, las típicas situaciones que seguimos viviendo en pleno siglo XXI, donde los ricos atropellan a los pobres y donde los más débiles son los que menos pueden sobrevivir ante la confusión y  el caos.

Lo interesante es que este tipo de teatro no responde a nuestros interrogantes, no da las respuestas que tanto esperemos o buscamos, sino que sencillamente nos imita, nos interpreta y busca dar un reflejo de ‘’nosotros mismos’’. Aunque una obra termina siendo más absurda y banal que otra, lo cierto es que no se debe olvidar que solamente nos están copiando.

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