PRIMER ACTO

La escena transcurre en la sala de recepción de un hospital. Un gran cartel suspendido en el tercio anterior del escenario, a poca distancia de los espectadores, reza: HOSPITAL DR. SIGMUND FREUD. Hay algunos bancos gastados de madera a los costados del escenario. Pacientes que pasan sin rumbo definido, con aspecto desaliñado, ropas viejas, algunos llevando en las manos objetos diversos. Están internados, se los reconoce porque todos llevan en el brazo una cinta identificatoria con el distintivo del hospital. Al fondo de la escena, un escritorio viejo de metal descascarado, delante del mismo dos sillas haciendo juego. Junto al escritorio un hombre está de pie, lleva guardapolvo, es el Adjunto. Está despeinado, tiene pantalones desteñidos, a la moda de veinte años antes, y zapatillas agujereadas por el uso.

Entra un matrimonio de unos sesenta años, el marido se sienta en uno de los bancos del costado.

MUJER: – (Dirigiéndose al hombre de guardapolvos) Buenos días. Necesito hablar con el Director.

ADJUNTO: – (Con tono de autoridad) Imposible señora. El doctor está indispuesto y hoy no puede atenderla.

MUJER: – (Contrariada) Caramba. Vengo a internar a mi marido. Tiene trastornos de personalidad. Acá traje la historia clínica y una orden de internación firmada por el Dr. Méndez.

La mujer le extiende un sobre que él abre. El marido, mudo, despliega n diario y empieza a hacer operaciones con una calculadora. Estará así toda la escena.

ADJUNTO: – (Distraído, mientras lee los papeles) Per Ud. tiene obra social. Este es un hospital del Estado, sólo se recibe gente sin recursos. Solicitud denegada. (Le devuelve los papeles).

MUJER: – (Visiblemente nerviosa) ¡Pero cómo puede ser1 Ayer mismo estuve en el consultorio del doctor y me dijo que lo trajera aquí, porque él es el Vice Director. Necesito hablar con él ya mismo y aclarar esta confusión.

ADJUNTO: – (Imperturbable) El Dr. Méndez está pero no la va a poder atender.

MUJER: – (Exasperada) ¡Qué, él también está indispuesto?

ADJUNTO: – (Resignado) Si, pero un poco menos. El Dr. Méndez ya no trabaja más acá.

MUJER: – ¿Cómo? ¿No me dijo recién que estaba en el hospital?

ADJUNTO: – (Tono solemne) Efectivamente, esta mañana trajo un bolso con sus efectos personales, vino a internarse.

MUJER: – ¡Pobre! Trabaja noche y día, sin descanso…

ADJUNTO: – No, no. Vino a internarse como se internan todos.

MUJER: – ¡Pero qué barbaridad! ¡Debe haber una confusión!

ADJUNTO: – Eso mismo digo yo. No se imagina la confusión que causó entre los pacientes. Mírelos, pobrecitos, caminan por ahí sin saber qué hacer… Ya mandé a uno de ellos a la casa del médico, para pedirle a la familia que se haga cargo. O por lo menos que lo internen en otro hospital…

MUJER: – ¡Delirante! ¡Cómo pudo encargarle a un enfermo internado que hiciera eso!

ADJUNTO: – (Suspirando) Es cierto, deliro tanto que primero quise hablar por teléfono. (Moviendo la cabeza en un gesto de negación) Pero claro, no hay línea.

MUJER: – Tiene razón, yo tampoco tengo línea desde hace tres meses. Es un problema. No me puedo comunicar con mi modista y no sé si me terminó la blusa azul. (Pensativa) De todos modos, hombre, mejor hubiera mandado un enfermero…

ADJUNTO: Los despidieron a todos. (Suspiro) Racionalización de gastos…
La mujer se desploma en una de las sillas. El adjunto siempre de pie.

MUJER: – ¡Ay! No puedo más. Mi marido se cree un hombre de negocios.

ADJUNTO: – (Gesto de interés) ¡Ah sí? ¿No lo es?

MUJER: – ¡Qué va…! Primero fue la jubilación. Eso lo deprimió mucho … Figúrese, cuarenta años poniendo sellos en el banco…

ADJUNTO: – (Suspira) Ah!, sublime tarea…

MUJER: – ¿Le parece? ¡Ud. está loco! (El adjunto, visiblemente molesto, da un paso atrás y la mira con resentimiento) Quiero decir …, disculpe. Pero después, como la jubilación no alcanza, se obsesionó con esos bonos que le dieron.

ADJUNTO: – (Confundido) ¿Los cambia por comida?

MUJER: – ¡Peor! Pretende cobrar intereses. Está todo el día estudiando el valor de las acciones, que si suben, que si bajan. Ahora se cree dueño de una petrolera americana. Se la pasa dando órdenes absurdas, mientras espera al chofer con el Mercedes.

ADJUNTO: – (Condescendiente) A lo mejor se impaciente el hombre …

MUJER: – Es que no tenemos chofer ni Mercedes. La semana pasada quiso tomarse el helicóptero y salió a caminar por la cornisa.

ADJUNTO: – Mala época, podría haberse pescado una pulmonía.

MUJER: – Ud. no me toma en serio. Lo malo es que ni siquiera se cayó. Yo no puedo más con este hombre.

ADJUNTO: – (Busca algo en el cajón del escritorio. Saca una botella, dos vasos y dos bananas, deja todo sobre el escritorio) La comprendo, debe ser difícil. (Mientras pela una banana y la empieza a comer) ¿Quiere un whisky?

MUJER: – ¿A la mañana?

ADJUNTO: – Para esta hora, el Directo ya se ha tomado tres. Es bueno para el reuma.

El adjunto sirve la bebida, ambos beben mientras comen una banana. Las cáscaras han quedado tiradas en el piso. Uno de los pacientes entra corriendo por la izquierda; agitado, se dirige al adjunto.

PACIENTE: – Señor, sentimos mucho olor a gas en la huerta del fondo.

ADJUNTO: – ¡Pero qué contrariedad!

MUJER: – ¿No será sugestión?

ADJUNTO: – (Al paciente) Eso, hoy no tomó la pastilla contra la sugestión.

PACIENTE: – (Molesto) Pero no soy sólo yo, lo sentimos todos.

ADJUNTO: – (Reflexiona un momento) Sugestión colectiva, sin duda. (Dirigiéndose a la mujer) Nos mandan del Ministerio tantos medicamentos vencidos que nunca podemos estar seguros de los efectos…

PACIENTE: – Pero señor, los obreros que están arreglando la calle, del otro lado del muro, también lo sienten.

ADJUNTO: – ¿Del otro lado del muro?

PACIENTE: – Si, y dicen que ellos no rompieron ningún caño.

ADJUNTO: – Entonces no puede haber olor a gas, así como así, en la huerta, en la calle. Sugestión colectiva.

MUJER: – (Que terminó la banana) A lo mejor tendría que llamar a la compañía de gas.

ADJUNTO: – A lo mejor.

PACIENTE: – A lo mejor.

TODOS A CORO: – ¡Pero no hay teléfono!

MUJER: – Que alguien vaya a la compañía y les avise.

ADJUNTO: – (Enérgico) Eso. Paciente, vaya corriendo y avíseles que vengan lo más rápido que puedan.

PACIENTE: – Si señor. (Sale corriendo por donde vino)

MUJER: – (Preocupada) ¿Ud. cree que volverá?

ADJUNTO: – Claro, se olvidó la colección de postales de Turquía escondida debajo del colchón.

MUJER: – Pero ésa no es una buena razón…

ADJUNTO: – (Tranquilizándola) Créame, el pobre es un coleccionista. Tenía una colección completa de estampillas holandesas, otra de autitos sin ruedas, otra de bolitas chinas. Cuando empezó con los escarabajos en frascos de vidrio la madre no aguantó más y lo trajo acá.

MUJER: – ¡Ahí está el Dr. Méndez!

Por la izquierda aparece el Dr. Méndez. Tiene aspecto más prolijo que el resto y lleva puesto un guardapolvos desprendido.

MENDEZ: – (Al Adjunto) ¿Lo consiguió?

MUJER: – (Se para) Buenos días doctor, suerte que lo encuentro.

MENDEZ: – (Ignorándola, se dirige al Adjunto) Mire que lo necesito.

ADJUNTO: – Pero Méndez, ya le dije que no tenemos.

MUJER: – (Insiste con el doctor, que no la escucha) ¿Se acuerda de mi marido, no? Bueno, se lo traje, como me indicó.

MENDEZ: – (Gritando histérico) Mentira que no tienen. Los tienen escondidos y no me quieren dar ninguno. (Se va sollozando).

MUJER: – ¡Pobrecito! ¡Cómo estará que no me reconoce! ¿Qué necesita?

ADJUNTO: – Un triciclo. Ya le dije que no se lo puedo dar, pero no me entiende.

MUJER: – Ah …, querrá pasear por los jardines, para aliviar los nervios…

ADJUNTO: – (Tono solemne) No su ilusión desde chico era volar en triciclo hasta la China. Le dijeron que tienen lindos jardines por allá.

MUJER: – (Desconsolada, se sienta) Esto es mucho para mí.

ADJUNTO: – (Jactancioso) Para mí también, figúrese.

MUJER: – Claro, es duro dirigir un hospital.

ADJUNTO: – No se dan cuenta, pretenden milagros. Además, hay gente muy malintencionada, no vaya a creer.

MUJER: – ¿No lo quieren a Ud.?

ADJUNTO: – Y …, como el Director no está disponible y su colaborador directo está …, bueno, como pudo ver Ud., siendo la persona de mayor antigüedad en esta institución yo lo suplanto en todas sus actividades. Hoy, sin ir más lejos, salí a caminar por el barrio, como hace él todos los días.

MUJER: – ¿Eso hace?

ADJUNTO: – Está anotado en su bitácora de vuelos. El Dr. Alcides Gómez anota todo, así queda registrada la actividad del hospital día por día.

MUJER: – Yo creo que lo mejor sería tener archivos, completar formularios verdes, guardar las historias clínicas, en fin …

ADJUNTO: – La verdad, Gómez es un poco ido … Claro, a él no le dicen nada, pero a mí … furioso me gritó el quiosquero que volviera rápido al hospital. ¡El muy resentido!

MUJER: – Será que Ud. no le compra revistas…

ADJUNTO: – ¿Y para qué? Puedo leer de segunda mano las del Director, que las deja en perfectas condiciones…

MUJER: – Ya lo ve, por eso le digo … (pensativa) no se ofenda, pero, ¿el Director no podrá hacer nada por mi marido?

ADJUNTO: – No señora, ya le dije que está indispuesto. (Un paciente se les acerca con una bandeja y dos tazas) Es hora al almuerzo, acompáñeme con un mate cocido.

MUJER: – Rara la dieta de Uds. (Se sirve y mira la taza) ¡Pero esta taza está vacía!

ADJUNTO: – Ah si, se nos acabó la yerba.

MUJER: – ¿Es grave lo del Director?

ADJUNTO: – Imagínese. Se ha suicidado en una semana …

MUJER: – ¡Pero qué dice!

ADJUNTO: – Lo tengo en una pieza al fondo. Se dio un escopetazo y no lo quisimos molestar. Feo asunto el de la sangre. (Pensativo) … Es raro …

MUJER: – Si que es raro, en un psiquiatra …

ADJUNTO: – No, en la policía. Ayer temprano los mandé a buscar con un paciente y no ha venido nadie aún. ¿Se habrá perdido en el camino?

MUJER: – ¡Irresponsable! El hombre está muerto y Ud. lo tiene ahí guardado.

ADJUNTO: – No sé si está muerto. Puede estar herido, a veces lo hace.

MUJER: – ¿Qué? ¿Suicidarse?

ADJUNTO: – No, quedarse callado. Siempre habló poco.

MUJER: – ¡Qué poca seriedad!

ADJUNTO: – Al contrario, Gómez está muy tieso y parece muy serio.

MUJER: – La suya digo. (Se para, se le acerca, esta visiblemente irritada). Vea, yo tengo un certificado y acá le dejo mi marido.

ADJUNTO: – ¿Qué certifica su certificado?

MUJER: – Mío no, de mi marido. Que está completamente loco y hay que internarlo en el hospital.

ADJUNTO: – Dígame Señora, ¿y quién certifica eso que dice su certificado?
MUJER: – (Enfática) El Dr. Méndez, por supuesto.

ADJUNTO: – (Señalando el costado por donde salió Méndez, mientras menea la cabeza) Y bien, ya lo ve …

MUJER: – (Titubeando) Hasta ayer no pedía triciclos.

ADJUNTO: – ¿Lo hizo refrendar por el Ministerio de Salud a su certificado?

MUJER: – Bueno, la verdad … es decir, yo no sabía …

ADJUNTO: – Entonces su certificado no tiene ningún valor. Pero coraje mi amiga, lo mismo le pasa a tanta gente que viene por acá …

MUJER: – ¡Qué día! Esto es una casa de locos. Por lo menos lo tienen a Ud. … ¿A Ud. lo nombraron del Ministerio?

ADJUNTO: – ¿A mí? No, yo soy adjunto nombrado por la Universidad, por eso, en caso de acefalía he debido asumir el control siguiendo las pautas de auto gestión.

MUJER: – ¿Auto gestión?

ADJUNTO: – Si, como lo aconseja …, esteeh …

MUJER: – ¿Algún médico extranjero?

ADJUNTO: – (Dudando y haciendo un evidente esfuerzo de memoria) Médico, médico …., bueno no sé, uno lee tantas cosas …

MUJER: – Ya veo … (Con signos de preocupación) ¿No los va a abandonar, verdad?

ADJUNTO: – De ninguna manera, éste es mi segundo hogar.

MUJER: – Claro, ellos lo necesitan … Así que adjunto en medicina …

ADJUNTO: – No, no. (Enfático) Yo soy adjunto en la cátedra de Astronomía de la Universidad, ganado en concurso público y por oposición de antecedentes. (Empieza a caminar en círculos, nerviosamente, y se rasca la barbilla) No recuerdo, francamente cuándo me trajeron aquí.

Mientras el adjunto habla la mujer, muda, se desploma en la silla y apoya la cabeza sobre el escritorio. Se oye una explosión de lejos, tiembla el decorado y cae el telón.

TELON

SEGUNDO ACTO

El escenario está dividido al medio por un tabique. A la izquierda del mismo se mantiene el decorado del hospital reducido a escala. Se ve mucho polvo, hay escombros de utilería desparramados por el piso. Los internos, diligentemente, sacan escombros, limpian, ordenan. Harán todo con movimientos netos, precisos. Aparece el Dr. Méndez dando vueltas torpemente en un triciclo, simula que sus brazos son alas de un avión. Entra una mujer que lo saluda primero, luego lo abraza. Finalmente lo saca por el foro. El arrastra su triciclo, hace mímicas de llanto. Toda la escena será muda.

A la derecha del tabique la escena transcurre en una comisaría. En el tercio anterior, a la misma altura y paralelo al primer cartel de hospital, cuelga otro en el que se lee “SECCIONAL 1ª” Al fondo se ve un escritorio de metal, una silla atrás, dos adelante, enfrentadas con el mismo, algunos bancos de madera gastada a los costados, elementos comunes de oficina.

El comisario está sentado detrás del escritorio; el adjunto y la mujer ocupan las otras dos sillas, de espaldas al público.

COMISARIO: – Se lo acusa de homicidio, de hacer explotar propiedad del Estado y usurpación de cargo público.

ADJUNTO. – (Pensativo) Caramba … (Se para y comienza a dar vueltas por la habitación) Del muerto y la explosión no estoy tan seguro, pero ¿en qué momento habré usurpado un cargo público?

MUJER: – Señor Comisario, ¿a mí por qué me trajo?

COMISARIO: – A Ud. se la acusa de complicidad en los cargos.

MUJER: – Pero si yo no sé nada. La culpa de todo esto la tiene mi marido, y a él no lo trajeron. Claro, dale con el Mercedes Benz, con el chofer, el helicóptero, y yo que no puedo pagar la luz … Lo llevé allá para internarlo, como dijo el médico, antes de pedir su triciclo.

COMISARIO: – Ud. encubrió al acusado, que dirigía el hospital, y mire como terminaron las cosas …

MUJER: – (Se para, con la cabeza entre las manos se desploma, abatida, en uno de los bancos) ¿Cómo podía darme cuenta? Estábamos en un hospital, él tenía un guardapolvo …

ADJUNTO: – (Siempre de pie, a la mujer) Buenos, si vamos al caso, ahora estamos en la comisaría … (con un gesto de cabeza señala al comisario, que está uniformado) si Ud. le va a creer a todo el mundo.

COMISARIO: – Cállese, acusado.

ADJUNTO: – ¿Dónde está mi mensajero?

COMISARIO: – Lo encontramos en su antiguo empleo, en el correo central. Mutilaba todos los telegramas a diez palabras, cuando la gente empezó a protestar lo trajeron para acá.

MUJER: – (Se pone de pie, se acerca al comisario y le entrega un sobre) Mire Señor Comisario, a mí ya se me está haciendo tarde y todo esto el culpa de marido. Acá tiene los papeles, quédeselo nomás.

COMISARIO: – (Abre el sobre y lee los papeles) Imposible. Acá dice bien claro: (remarcando las palabras) orden de internación. Lo que yo necesito es una orden de captura sellada por el Ministerio.

MUJER: – ¿De Salud?

COMISARIO: – De Justicia

MUJER: – Ay, no sabía … pero qué insistencia con los sellos. De todos modos, el muerto está muerto desde hace siete días, yo recién fui al hospital esta mañana.

COMISARIO: – Justamente. (Ahora le grita) Declare: ¿Qué hacía Ud. el miércoles pasado?

MUJER: – Depende, ¿a qué hora?

COMISARIO: – A las diez y veinte, hora del deceso.

MUJER: – Lo recuerdo muy bien. Sacaba a mi marido de la cornisa porque no llegaba su helicóptero.

COMISARIO:- Déjese de pavadas, va a necesitar testigos.

ADJUNTO: – (Al comisario) No son pavadas, el marido pudo haberse enfermado.

MUJER: – (Se vuelve a sentar en el banco) Me vieron la vecina de abajo y el gato.

COMISARIO: – ¿Y qué pretende, que cite al gato?

MUJER: – Bueno, la vecina es ciega, así que si Ud. consigue un parapsicólogo para el animalito…

AGENTE DE POLICÍA: (Entra y se dirige al comisario) Señor Comisario, cabo primero Benítez reportándose con el informe del testigo ocular del occiso.

COMISARIO: – Bien agente, prosiga.

AGENTE: – El testigo declara que la semana pasada, cuando todos los internos entraron a la cocina, después de oír un disparo de escopeta, encontraron al Director tirado en el piso.

COMISARIO: – ¿Qué hicieron entonces?

AGENTE: – Esperaron a que se levantara; como no se movió en seis días fue a buscar a la policía por órdenes del acusado aquí presente.

COMISARIO: Prosiga agente. ¿Por qué el testigo no declaró antes?

AGENTE: – El testigo informa que se perdió en el camino porque no está acostumbrado a salir del hospital. Iba de regreso cuando pasó por las oficinas del correo.

COMISARIO: – Prosiga agente, prosiga.

AGENTE: – Entonces se confundió, por la familiaridad del lugar, y se reincorporó a sus tareas.

COMISARIO: – Está bien agente, retírese. (A los acusados) Eso los exime del cargo de homicidio, pero no de los restantes.

MUJER: – Exijo hablar con mi abogado para que aclare las cosas.

COMISARIO:- A su debido tiempo, el teléfono no funciona.

ADJUNTO: – (De pie, mirando al público) Es una epidemia.

COMISARIO: – Cállese, acusado.

MUJER: – (De pie, mirando al comisario) Bien, le exijo que envíe un mensajero de inmediato.

ADJUNTO: – Lo mismo me exigió con la pérdida de gas. (Se le acerca al comisario, para decirle en un aparte) Mujeres, todas ellas exigen, después que carguen los hombres con el muerto… Yo voté por la sugestión colectiva.

MUJER: –(Gira, mira al público) ¡Calumnias! ¡Quiere incriminarme! Era una cuestión de fuerza mayor. (Se sienta frente al comisario)

COMISARIO: – ¿Entonces confiesa que Ud. tomó la decisión, es decir, la autoría intelectual?

MUJER: – No había otra cosa por hacer, allá tampoco anda el teléfono.

COMISARIO: – (Lo piensa un poco) Cabo Benítez, preséntese.

AGENTE: – Cabo primero Benítez reportándose, mi Señor Comisario.

COMISARIO:- Tráigaselo a Martínez, tiene que llevarle un mensaje a la detenida.

AGENTE: – Si mi comisario. (Sale por el foro)

MUJER: – Ese Martínez, su mensajero, ¿es de confianza?

AGENTE: – Plenamente, está detenido por estafas millonarias contra el Tesoro. En cuanto pague la fianza se va, por ahora es oficial notificador.

Entra Martínez vestido de impecable traje y corbata. Se desenvuelve con soltura, como si fuera el dueño del lugar.

MARTINEZ: – Buenos días, comisario. ¿Me necesitaba?

COMISARIO: – Si. Proceda, acusada.

MUJER: – Por favor, caballero. Llévele este mensaje a mi abogado, en la dirección indicada. (Le extiende una nota que acaba de garabatear) Mire que es urgente, no se vaya a olvidar.

MARTINEZ: – Comprendido, comisario. Enseguida vuelvo. (Sale por el foro).

COMISARIO:- (Al adjunto) Volvamos a la usurpación de cargo y al abuso de autoridad. Hoy sin ir más lejos, dejó otro interno suelto. Para qué mencionar el estado calamitoso en que quedó el hospital.

ADJUNTO: – Bueno, yo lo dejé ir para que entregara un mensaje nada más, tenía que volver. Mire si este Martínez se le llega a fugar, la culpa no va a ser suya.

COMISARIO: – Cállese, lo acuso de desacato.

ADJUNTO: – Como le parezca, pero la decisión fue de la señora.

MUJER: – (Se para) Es injusto, no había nadie más para mandar.

COMISARIO: – (Al adjunto) Claro, no ve; como ahora. Si yo tuviera agentes y móviles, y nafta en los móviles…(Ahora grita) Ud., conspirador, no quería enviar a nadie porque pretendía hacer explotar el edificio entero.

MUJER: – (Gira, mirándolo al adjunto) Eso mismo digo yo.

COMISARIO: – Cállese, acusada, que la decisión de mandarlo a Martínez fue suya. Además Ud. también incurrió en abuso de autoridad.

MUJER: – ¿Pero si yo no tengo ninguna autoridad, como puedo mandar a un mensajero y hacer abuso?

COMISARIO: – Justamente, no se me haga la mosquita muerta. Este pobre hombre fue víctima de sus manipulaciones.

ADJUNTO: – (Reflexivo) Era la explosión o el abuso. Esta mujer podría ponerse el uniforme del comisario, si seguimos así…

MUJER: – (Desesperada, chilla un poco histérica) ¡Cómo tarda Martínez! Seguro que se escapó con mi mensaje; quiero ver a mi abogado.

COMISARIO: – Silencio, acusada, espere. El otro peso que tengo disponible no puede salir.

MUJER: – (Alarmada) ¿Por qué, es peligroso?

COMISARIO: – No, ése asaltó una verdulería y no sale bajo fianza. (La mujer se vuelve a desplomar en el mismo banco).

ADJUNTO: – Si me permite, señor comisario, Ud. tendría que pedir un informe a la compañía de gas, para saber qué pasó realmente.

COMISARIO: – Ya ordené hacer un peritaje; y Ud. no va a usurpar mi cargo.

ADJUNTO: (Ofendido) Yo jamás usurpé nada. Me gané mi cargo por concurso. (Se sienta en el otro banco, mira al público).

COMISARIO: – Eso lo va a tener que corroborar el Dr. Méndez cuando llegue en su triciclo. El también presentó cargos en su contra por excesiva crueldad.

MUJER: – A mí me habló de un Dr. Auto Gestión. Habría que buscarlo, a lo mejor puede aclarar este embrollo.

COMISARIO: – ¿Dr. Auto Gestión? No, ése no figura en la nómina.

MUJER: – Ah! (Señalando al adjunto) Este hombre me ha mentido.

ADJUNTO: – Insisto, comisario. Verifique con la compañía de gas. Yo estoy seguro de que la explosión fue un accidente, no estaba en mis ánimos …

COMISARIO: – ¡Qué ánimos ni accidente! Ud. está loco.

ADJUNTO: – De eso ya me han acusado antes. No pueden hacerlo dos veces; sobre todo porque la primera me hallaron culpable

COMISARIO: – Ya veremos más tarde.

ADJUNTO: – Pregúntele al Juez si no me cree.

COMISARIO: – El juez de turno se excusó; al que le sigue lo recusaron y el otro que queda tiene mucho trabajo atrasado.

ADJUNTO: – Entonces, ¿Ud. qué va a hacer?

COMISARIO: – La labor del juez, por supuesto; como lo exigen estos casos…

MUJER: – Ay! Me desmayo.

COMISARIO: – A mí no me engaña con mariconadas.

ADJUNTO: – Le habrá caído mal el whisky.

COMISARIO: – ¡Ha bebido!

MUJER: – (Lloriqueando) Un vasito con el desayuno, nomás, para acompañar la banana.

COMISARIO: – No, si ya sabía yo … está ebria.

MUJER: – Me obligaron … (ahora solloza con estrépito) Pero siento ese olor, ese olor a … (Entra de nuevo al cabo Benítez, corriendo)

AGENTE: – Cabo Benítez reportándose, señor comisario. Afuera están los representantes de la compañía de gas. De lo ocurrido en el hospital todavía no tienen información, pero quieren hablar con Ud. y dicen que es urgente.

Se siente una fuerte explosión, se mueve un poco el decorado, cae polvillo para simular derrumbe. En la confusión el adjunto aprovecha para huir por el foro.

COMISARIO: Cabo Benítez, busque refuerzos, rápido, se nos ha escapado el detenido.

El adjunto reaparece por la izquierda. Los pacientes, que no han parado de trabajar en toda la escena, se aquietan, forman un semi círculo a su alrededor y lo escuchan con atención mientras habla.

ADJUNTO: – ¡Compatriotas! Atento la grave situación de acefalía de este hospital, asumo plenamente la responsabilidad por el mismo, estaré a la altura de los sacrificios que la hora nos demanda. (Se oyen en sordina los acordes del himno nacional). En esta emergencia, el hospital necesita del coraje y generosidad de cada uno de nosotros. Nos regiremos por los principios de auto gestión y co-gobierno, en defensa de nuestro destino: la democracia. Atento los graves peligros que nos acechan afuera, por su seguridad personal se les sugiere no abandonar este hospital.

Los pacientes aplauden y corean “democracia, democracia”.

TELON

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterPrint this page