Beatriz Salas formó parte del elenco vocacional de teatro como estudiante de la carrera de letras de la UNC, que en ese momento dirigía el señor Guillermo Bibiloni.
Cuando reabren la escuela de teatro el señor Bibiloni es nombrado director y convoca, a la ya recibida profesora, Beatriz Salas, para que ocupe en el año 69, una cátedra en la escuela provincial de teatro.

¿Cómo se conformaron los programas de su cátedra?

Prof. Salas: En ese momento hubo que reestructurar toda la escuela. No habían programas anteriores y tuvimos que hacerlos nosotros. El hecho es que yo trabajo ahí hasta el gobierno militar, en ese ínterin, se luchó desde el cuerpo de profesores para convertirla en escuela superior. Y cuando yo me voy, era eso: escuela superior, dependiente de la universidad, pero no era facultad.

En la época de los militares yo no tengo participación en la conformación de los programas, y cuando vuelve la democracia me devuelven la cátedra que tenía, yo tenía dos cátedras en realidad… bueno… Me devuelven una, pero con el entusiasmo que uno tenía en ese momento, lo acepto, hice modificaciones al programa que ya estaba, apenas el comienzo de la democracia.

¿Aún estaba Bibiloni?

Prof. Salas: Bibiloni ya había muerto. Antes del golpe militar el último director de la escuela fue Ernesto Suárez. La escuela estaba en las calles Las Heras y Mitre, yo era una especie de regente de la escuela cuando Ernesto era director. Después vino todo lo que ya sabemos, y Ernesto se tiene que ir. Primero se nombró un interventor militar, me parece, y luego asume Rossi como director. Y Rossi es el que se encarga de hacer echar a las personas non gratas. Que me acuerde en este momento entre las personas estaban Elsa Cortopasi, Liliana Bermúdez, Maximino Moyano… y después fuimos convocados nuevamente en la democracia.

¿En que variaron los programas después de la dictadura?

Prof. Salas: Variaron en algunas cosas. En mi materia no variaron fundamentalmente en el sentido de dar todos los contenidos de mi materia (Historia Universal del Teatro II), que con ese título yo no estoy de acuerdo, nunca estuve de acuerdo, lo lógico sería historia del teatro e historia del teatro argentino para diferenciarlo de la otra; pero historia del teatro universal me parece demasiado pomposo; pero bueno, era demasiado complicado cambiarlo, yo lo manifesté en un momento y me dijeron que era una pavada, pero realmente no da para llamarse historia del teatro del universo. Incluso cuando volvía en la época de la democracia, incluí teatro latinoamericano por que sólo se daba teatro europeo y lo universal era sinónimo de europeo, esa era la conclusión. Para ampliar teatro argentino decidimos incluir latinoamericano en la dos y en la tres, con Alicia Romero de Cutropia. Pero bueno, te plantea una visión, porque si llamamos universal a lo europeo ya sabemos con que tipo de mentalidad nos estamos encontrando. Se hizo la modificación en cuanto a contenido desde ese punto de vista, pero en las otras materias cada uno elaboró distintos tipos de modificaciones…

¿Y desde el ochenta hasta algunos años atrás, cómo fue la relación con la institución y con los directivos?

Prof. Salas: Empezó siendo una escuela muy chica, que con el regreso de la democracia se ubicó en la calle Sarmiento, donde ahora es una oficina del DAMSU, cerca del casino… así que era muy chiquitita, había muy pocos alumnos, así que era muy familiar, muy cómoda, muy amigable y por supuesto había un diálogo, un acercamiento que poco a poco fue cambiando porque cambió la época: porque la escuela se fue haciendo más grande, porque se construyo el edificio, porque se fue perdiendo toda esa calidez que en un momento estuvo, porque empezó a hacerse una inscripción masiva y se fue perdiendo la relación… y quedó una relación meramente formal, donde uno iba a dar clases y no hablaba con nadie. No hubo ya proyectos en común, programas en común; mucho de aquello se había perdido. Pero creo que es también por el cambio de época.

Ya cerca de los noventa hay una visión de mundo donde prima el individualismo generalmente, donde se mira el mundo de otra manera, entonces ya los proyectos en común empiezan a tener poco valor, y donde la escuela lamentablemente fue perdiendo identidad.

A lo mejor se jerarquizó por tener un título universitario, verdad; pero no es representativa hoy para mí en Mendoza. Antes había una esperanza de que eso se lograra, y como no había nada se tenía la esperanza de que eso se lograra y en ese camino estábamos. La decepción es que después de mucho tiempo y después de poner mucho esfuerzo, de algunos, yo creo que prácticamente no se nota diferencia entre el que es egresado de la escuela de teatro, y del que no. Del actor vocacional, común, entonces quiere decir que algo falló en cuanto a la preparación. Por supuesto que yo soñé en algún momento que tuviéramos el nivel que tuvo la escuela universitario de Chile en su momento, o sea que fuera significativa, y que fuera un centro de investigación y de trabajo

¿Qué significó el traslado a la ciudad universitaria?

Prof. Salas: Significó el traslado a un edificio más grande, pero ahí coincide con el crecimiento de la cantidad de inscriptos y empieza la despersonalización. Creo que esto ocurre por un poco de todo, por lo menos lo que yo sentí, que todo el mundo lo propone, pero que no se logra, es la falta de un proyecto en común.

¿Qué sería un proyecto en común?

Prof. Salas: Que toda la comunidad que integra la escuela, aportara un proyecto que no fuera una cosa burocrática que se cumple con los requerimientos básicos que exige la universidad, pero en donde no hay un real compromiso interpersonal. Yo tuve antes cargos directivos con Ernesto Suárez y después en la época que volvimos a la democracia, fui jefa de apoyo docente, e incluso tuve una secretaría dentro de la facultad; o sea que en la medida que pude creí, colaboré, colaboré en el supuesto enriquecimiento de la facultad, o en el que yo pensaba que se podía dar. Eso también me afectó mucho. Ver que en tantos años no se había logrado, entonces que todo el interés y las ganas que uno puso se perdieron.

¿Más allá de las individualidades, qué factores no permiten que las materias  estén interrelacionadas?

Prof. Salas: Yo trabajaba muy vinculada a actuación, en la época que Luís Sanpedro era el profesor. Siempre pudimos hablar del programa, poner lecturas en común. Pero después de él con nadie más. Por más que hablaban ya no asistía a las reuniones de profesores por que esas reuniones eran una pérdida de tiempo, donde hablaban de cualquier cosa pero no se lograba. Se proponían diagnósticos y cosas en común pero nunca se lograban.

¿Cuestiones burocráticas?

Prof. Salas: Yo no creo que sea sólo una cuestión burocrática. Me parece que por distintos motivos, es probable que la gente haya ido perdiendo interés en ese proyecto común, y esto haya quedado como un trabajo más. Te digo, no se cada cual que proceso vivió, el proceso que yo viví fue el proceso de la decepción. Donde es cierto que mi entrega en el último tiempo que estuve en la faculta no era la misma que la del comienzo; ya no creía en los proyectos comunes, ya no apoyaba, ya no me interesaba estar en las reuniones donde no se lograba nada; no tenía con quien hablar, no sentía que había interlocutores válidos. A lo mejor a otro le pasó lo mismo o no sé lo que influyó en cada uno, pero no había interés. Nosotros en una época dejábamos… horas, una cosa eran las horas que debíamos cumplir, y otras eran las que verdaderamente estábamos. Era ir porque teníamos ganas de hacer cosas. Y creo que eso ya no lo hace más nadie, todo el mundo cumple estrictamente su horario; además saben qué es lo que les pagan. No podría yo dilucidar qué es lo que pasó, lo único que siento es como viví yo el cambio.

¿Qué opinión tiene del teatro actual?

Prof. Salas: Yo ceo que hay un muy buen nivel de teatro y que están trabajando muchos grupos y bien. Lo que decía al comienzo es que no veo diferencia entre un actor que pasó por la facultad y otro que no. Depende más de las ganas de trabajar, que de la formación. Entonces bueno, algo pasa con la formación.
No es integral por que no sé si se podría armar una idea donde se relacionara que es lo que se quiere de un alumno de la facultad. Sería triste pero puede estar llegando a pasar algo tan grave como que el alumno es un futuro rival, en la medida en que puede salir al medio y competir. Sería lamentable si es así. No sé si lo es, pero hasta lo he llegado a pensar.

¿Alguna vez se trabajo un perfil?

Prof. Salas: Se trabajó, si. Se intentó pero no se logró. Apuntaba hacia un actor que trabajara en un grupo unificado, que hubiera proyectos en común,  que subsistieran en un trabajo cooperativo; respondía más al perfil de otra época con un ideal social más fuerte. A lo mejor también sucedió que el mundo cambio totalmente, por eso es que no te podría decir que hay una causa. Lo cierto es que se fueron acumulando cosas y yo no tenía nada que ver ahí, ya no quería estar.   

¿La gota que rebalsó el vaso fue la distinción que se le otorgó a Rossi?

Prof. Salas: Claro. Mirá, no tuve nunca claro, por lo que salió en los diarios, quien se hacía cargo del acto. Era el acto del día internacional del teatro, pero el nombre que más o menos aparecía con claridad entre los grupos y las personas que se habían reunido para hacer esta fiesta, era el del instituto nacional del teatro. Ahí se hizo un reconocimiento a una serie de personas por distintas tareas relacionadas con el ambiente teatral. Y se decidió desde el instituto, tengo entendido, no lo sé bien, que se otorgaba a los directores que habían funcionado en elencos independientes. Esa función sí la cumplió el señor Rossi, era el director del grupo la montaña, un elenco independiente. Antes de que a él le ofrecieran ser el director de la escuela de teatro en la época de los militares. Entonces como que se vio una parte sola de la historia. Ahora en el momento en que se le entrega la plaqueta, le es entregada por una persona de teatro. Y nadie hace nada ni dice nada. Puesto en conocimiento, lo que Uano me dice a mi es que el no sabía. Pero el no saber para un funcionario no es una justificación. Si no sabe tiene que averiguar, pero un funcionario tiene que funcionar, esa es su tarea. Y si llegó el momento que por juventud o inexperiencia, se le coló un hecho, que yo creo que está mal. Creo que premiar a un represor está mal. El (Rossi) colaboró y la firma de mi expulsión de la universidad está firmada por él.

¿En algún momento el señor Rossi intentó pedirle disculpas o tuvo algún tipo de palabras hacia usted?

Prof. Salas: Sí sí, lo aceptó, lo aceptó, pero eso para mí no lo justifica. Si vos no estas de acuerdo con una ley que te dan, con una orden que te dan, te vas. Si la cumplís estás de acuerdo. No le di cabidas ni posibilidades de que me pidiera disculpas. Incluso yo lo impugné. Cuando comenzaron los concursos él pretende presentarse a uno, y como la ley me permitía impugnar su concurso por actividades probadas antidemocráticas, lo hice. Y en Mendoza no me dan la razón. Pero en una apelación al tribunal de Buenos Aires me dan la razón y él no puede presentarse al concurso. Así es que la lucha la entablo desde un punto de vista personal.

La resonancia en la comunidad es lo que a mi más me impresionó. Que una bailarina reconocida, que estuvo presa en la época de los militares hubiera estado bailando en un acto donde se premio a un represor…, llegó un momento en que mi cabeza no entendió a la gente de teatro. No la entiendo, no la quiero entender, por que lo que sucedió es raro.

Entonces tratando de explicármelo, es lo que te dije, primó el interés. Si alguien hacía algo o decía algo, podía ser que el instituto se sintiera mal, y a partir de ahí no lo convocara, no lo llamara, no le publicara el librito… es la única explicación, y es muy fea como explicación. Es muy fea y yo estuve muy vincula durante muchos años en el ambiente teatral pero con gente tan mezquina a mi no me interesa convivir. Y me dicen que no, por supuesto, a cualquiera que se lo digo en la cara me lo niega, pero es que no hay otra explicación. Sobre todo de personas que estuvieron directamente vinculadas, o que sabían, o que tuvieron que ver o que la padecieron… y entonces después nadie hace nada.

Fue muy feo y muy raro no entender. Entonces dije bueno, evidentemente yo no puedo exigir que la gente sea como yo pretendo que sea. Lo que yo si puedo hacer es alejarme de la gente que no me gusta como es…

Apoderarse de la isla

La profesora Salas presentó la renuncia de su cátedra de Historia del Teatro Universal II, a los directivos de la carrera, meses antes de que le llegara su jubilación. Continúa con proyectos alejados del ambiente teatral. Dicta distintos talleres de lectura y escritura. Con uno de esos grupos lleva más de quince años de trabajo. Escribe ficciones con muchas inhibiciones por ser egresada de la facultad de filosofía y letras. El noventa por ciento de sus lecturas está dedicado a la literatura Latinoamericana.

Hablamos de las dificultades que tienen ciertos escritores en América latina de ingresar a la Argentina, debido a los monopolios editoriales. Convenimos que esto también es una marca de la época. Ella dijo que ciertos escritores venden su alma al diablo por pertenecer; porque si no se quedan sin ser.
Hablamos también sobre el problema de la distribución en los libros, y de los individualismos del ¡sálvese quien pueda!, que ha generado el auge del neoliberalismo.

Sobre la revisión, en la búsqueda de un canon Latinoamericano, me comentó que había empezado a descreer de ese gran proyecto totalizador. Le parece una especie de aporía, ya que es muy difícil encontrar pautas generales entre tanta diversidad.

Encuentra más interesante un trabajo de interrelación en la distribución de todo ese conocimiento.

La profesora Salas reflexiona que, quizás por pertenecer a la generación de los grandes proyectos y de los grandes programas, prefiere apostar a un trabajo más pequeño. Con un grupo limitado que no tengan que ver de ninguna manera con algún sistema de poder. La experiencia le ha enseñado que es ahí donde ciertas personas sacan lo peor de sí, por quedarse con un pedazo de la tajada.

Reconoce que es difícil trabajar desde fuera del sistema, pero el sistema no le interesa como tal. No está dispuesta a vincularse con ninguna entidad o institución que signifiquen imposiciones de reglas para poder tener accesos. De eso no quiere más nada.

Finalmente la profesora Salas, le desea buena suerte a la revista, y ve con buenos ojos estos tipos de proyectos individuales (independientes) que generan espacios pequeños para apoderarse de la isla.

 

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