El 7 de enero comenzó nuestro viaje. Un viaje por Latinoamérica, por su teatro, sus expresiones callejeras, y desde allí por su gente, sus conflictos, sus dichas, sus trances, sus revoluciones… América latina se mueve, ruge, tiembla, respira, intenta otra vez liberarse, y allí vamos nosotros, para estar, para ser.

Ya llevamos casi dos meses de viaje.

Muchas cosas nos han pasado.

En un viaje de estas características todo se trastoca, absolutamente todo. El ritmo de vida cambia, el tiempo pasa a ser otro, la forma de moverse, de andar, ver, percibir, escuchar y actuar también se transforma.

Y más si se va haciendo teatro.

Y más si se va haciendo teatro callejero.

Y más si se pretende subsistir mediante este arte.

La palabra viaje es muy profunda. Podés viajar con un faso, con un auto, con un libro, con una buena compañera o con lo que sea. Centrémonos en el tipo de viaje socio-cultural, es decir, cuando te trasladas a otro lugar geográfico y te conectás con otra sociedad. En esto también hay cierta relatividad (hay tipos que van a europa y es como si no hubiesen movido el culo de sus casas; y hay otros que han viajado a un pueblo vecino y es como si hubiesen volado lejos, muy lejos) además de su enorme gama de viajeros: los hippies, los vagos, los rotos, los yuppies, los gringos, los comerciantes, los exiliados, los que emigran, los peones, los esclavos, las nanas, los solitarios, los abandonados, los desterrados, los volados, los platudos, los boludos, los músicos grandes, los músicos chicos, los aventureros, los pajeros, los teatreros de sala, los de calle, los ambulantes, los golondrinas, los presos, los ladrones, los narcos, los milicos, los políticos, los marineros, los choferes, los que huyen, los que esperan, los que buscan…

Viajar haciendo teatro de calle es especial, te conecta de una manera genuina y profunda con los lugares que vas transitando.

Ahí llega el payaso, si no trabaja muere la carne, si no hace arte y oficio de su trabajo muere el alma. Llega con sus trastos encima, haciendo tablados de la nada, gambeteando la ley, lidiando con los milicos, el clima, los autos, el ruido, los yanquis, los perros…ahí está el payaso, transformando por un instante el mundo, sosteniendo a la gente, atrapándolos con magia, con sencillez, con humor sano; ahí está siendo maltratado, venerado, respetado, ahí está mareando obstáculos, siempre pal frente, con fuerza, sin caer compadre, de eso se trata, hay que cargar con el peso del mundo y sus miserias en la espalda, ocultarlo bajo la piel, reventar por dentro un instante para poder limpiar todo un momento sin tiempo, ser feliz allí, ese instante… y ahí va el payaso, con sus trastos encima, ya ha dejado su huella, va hacia otro lado, no puede estar quieto, siempre abandonando, armando y desarmando, armando y desarmando…

El artista callejero visto así es un laburante más, tiene que lidiar con su arte y con la realidad, tiene que trabajar fuera de la ley, ahí en el espacio público donde todo se ve, donde todo se encuentra, se controla, se desborda, se mueve. Ahí se hace parte de, ya no es algo ajeno. Y luego todo se ramifica, va conociendo, entrando cada vez más, todos los pueblos pueden ser su hogar, pero ahí va de nuevo…

Y así fuimos conociendo Chile.

Por supuesto lo que vamos a decir de nuestro paso por ese país no significa que todo Chile sea así, por supuesto que en otros lugares quizás sea diferente, que el sur es otra cosa, que si te metés más para la montaña es otra, que conocer un país demanda toda una vida… pero bueno, también nos parece válido analizar los puntos en común que hubieron en los distintos pueblos y ciudades que visitamos, para ello vamos a inventar un día cualquiera en algún lugar cualquiera que contenga dichos elementos comunes:

Llegamos a las 10:00 hs de la mañana, la entrada no estaba mal, aunque algo repetida: el cerro tosco y arisco con todo el desierto inmenso y cada vez más grande sobre su espalda cayendo abrupto sobre el mar, rindiéndose para nada pacífico ante su inmensa boca salina… y allí las casas de madera, haciendo perfecto equilibrio sobre una tierra para nada asimétrica, y allí sus calles, ordenando al pueblo, y allí sus autos, todos japoneses y de plástico, respetando todas, pero todas las señales por más absurdas que sean. Llegamos a la plaza Prat, aun era temprano, como pudimos estacionamos, antes de apagar el motor ya estaba el parquero con la boleta en la mano, pará un poco che que me baje al menos, cuánto es, tanto?, chao. Ya nos meábamos, a buscar lugar, en cualquiera te deben dejar pasar… no señor, en Chile todo se cobra, todo, y sino con todo se hace negocio… a comer, no hay mercado, todo caro loco, la moneda chilena vale, por eso andan sacando el pecho… a cocinar, antes hay que ver donde acampamos… y sí, a las afueras hay un camping, carísimo pero bue, es lo que hay.

Hora de actuar, armamos los primeros bártulos y ya empezamos a percibir unas sombras extrañas, como un revoloteo de buitres. Terminamos de armar y sí, los pacos, que no se puede trabajar acá, que la vía pública, que el permiso, pero espere, recién llegamos, estamos de paso, no hacemos mal a nadie, hacemos teatro, sí pero no se puede trabajar acá, la vía pública, el permiso, sí, el permiso son días de trámite, burocracia, estamos de paso loco, sí pero no, esperen a que nos vayamos a las 22:05 hs, sino…

Se fueron

Arranquemos

Poco público

Unos allá viendo a unos tipos bailar hip hop, otros caminando por la feria, y algunos por acá acercándose a los payasos. Pongamos huevo compadre… más huevo…

Guardemos y tomemos algo para ahogar las penas loco. Bar inglés, a tomar y tomar, ya se curaron los chilenos que tan amigables habían parecido a la tarde, ahora sí, argentino culiao, mis playas son mejores, mi montaña es más linda, mi vino más rico conchatumadre…

Saliendo del pueblo… y sí, hay algo que no nos habíamos dado cuenta a la entrada… no hay industrias, no hay plantaciones, todo es importado, todo, los autos, los modales, la ropa, la música, y claro, tanto Pinochet, tanto desierto, tanto tratados de libre comercio…

Y bueno, algo así fue Chile, pero a no enojarse que así no es Chile, sólo tuvimos la mala vibra de que así fuera para nosotros en este viaje. Yo viajo a Chile desde que tengo memoria, lo conozco de punta a punta, me han pasado cosas muy buenas (y otras muy malas), tengo muy buenos amigos, inclusive en este viaje nos pasaron muchas otras cosas hermosas, por ejemplo actuar en un pueblo perdido de 500 habitantes, las siestas debajo del trailer en San Pedro, la noche en el valle de la luna, los partiditos de fútbol en la playa, los hermosos paisajes del desierto, conocer a alguna que otra gente copada como al Quico y las chicas de bahía inglesa, los mimos de Coquimbo, la tía Cecilia dueña del camping conventillo de Quintero, las pibas del IUNA y las de Calama…

Pero bueno, ya estamos en Perú. Ya tuvimos piquetes en la ruta, borracheras y bares de borrachos, invitaciones a comer, cumpleaños, excelente público, fans, mercados, desorden en las calles… es buen signo, había que seguir nomás, adentrarse por la patria Latinoamericana… Venezuela ya está más cerca.

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