Entramos a Venezuela por San Antonio del Táchira el 25 de Junio, la entrada no fue muy buena debido a los hermosos paseos que nos hicieron hacer por las innumerables oficinas de la aduana, y por el dineral que nos hicieron pagar para un seguro del auto. No sabíamos bien qué ruta tomar, habían varias opciones: rumbo a Caracas por los llanos, por Mérida o por Maracaibo y la costa del Caribe. No teníamos un puto contacto, una puta información y certeza, como en todo el viaje, afortunadamente. Como no nos decidíamos tiramos la moneda y salió la ruta por Mérida. Pasamos San Cristóbal sin detenernos pues no nos interesan muchos las ciudades y menos las de frontera. En un pueblo que se llama La Grita el auto chilló por primera vez después de haber atravesado desiertos, montañas, valles, retenes, tormentas y aduanas, y nos dejó varados. Allí nos detuvimos unos días, conocimos a una familia que tenía una empresa de embalaje de frutas y a una chica que trabajaba allí limpiando y cocinando. Con ella pude compartir sus historias, sus caminatas monte arriba para buscar frutas y verduras que los campesinos le regalasen, sus viajes buscando trabajo, su historia con el ex que le dejó dos hijos y su ausencia, su belleza, y esa noche en su casa, allá cuesta arriba, en un barrio pobre, en una hogar hacinado, saboreando unas cervezas y escondiéndome de su padre borracho tras unas cortinas que hacían de puertas; se llama Sandra, su patrona la llama por su otro nombre: Ramona. En ese pueblo intentamos con la casa de la cultura pero no pasó nada, así que nos dedicamos a mañosear por primera vez al auto: le cambiamos la homocinética, le levantamos la suspensión de atrás y le pusimos calcomanías: adelante dice “el Ponderoso” en homenaje al Che y su Ponderosa, y atrás “DeLaNada Teatro, Gira Latinoamericana”, con todas las banderas de los países que nos acogieron en nuestra gira: Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Brasil y Bolivia.

Después de tres días seguimos camino, nos adentramos aun más en la cordillera de Los Andes, esa que atraviesa toda Latinoamérica, esa que nos ofreció hermosos paisajes andinos, esa que alberga costumbres muy antiguas, esa que nos cubre de nubes, esa que sirve para esconderse, para huir, para ser.

Nos encontramos con Bailadores, un pueblito de campesinos que se ubica bajando la montaña, allí frenamos frente a una televisora comunitaria e hicimos contacto con los que allí trabajaban, nos contactaron con el secretario de cultura a quién no le importó estar en su casa por ser sábado y vino a atendernos. Nos ofrecieron hotel y comida en un restaurante y se encargaron de mover funciones por todos lados. Así fue que actuamos para la televisora, compartimos en una entrevista nuestra experiencia, pudimos ser testigos del trabajo comunitario en los medios, fuimos a una toma cultural de una cascada, actuamos en escuelas con el candidato a alcalde en nuestro auto presentándonos y sacándonos fotos en las funciones, viajamos con el secretario de cultura a otros lares, parábamos en el camino para tomarnos unos buenos tragos y luego a actuar, en lugares alejados, humildes, como ese domingo en una parroquia (parroquia le llaman a los distritos) más campesina aun, en donde pudimos saborear sus sonrisas, su sancocho en olla popular, sus ensaladas de frutas y su cariño.

Partimos a los 4 días. Llegamos a Tucaní, un pueblo a la orilla de la Panamericana, fuimos a la casa de la cultura (todas las alcaldías tienen su casa de la cultura), llegamos justo cuando unos 7 pibes y pibas estaban tomando un taller de zancos, conocimos a Joán, uno de los que trabajaba allí y que nos tiró toda la onda, a todo el grupo de chicos y chicas que trabajaban con ellos haciendo teatro, y luego a Dáiver, el director de cultura, del palo, teatrero que había hecho dos viajes por Latinoamérica con un grupo de 13 actores y actrices. Otra vez algo similar: posada al lado del río y comida en una casa alimentaria del estado. Hicimos allí varias funciones en varias escuelas bolivarianas, fuimos a reuniones de consejos comunales, actuamos en mercados populares, en calles cortadas por los vecinos, fuimos a pueblitos alejados montaña arriba, a barriadas reunidas alrededor de la cancha, a casas de amigos, a radios comunitarias, a impregnarnos en fin de Venezuela y su revolución.

De ahí fuimos a dar a Nueva Bolivia, otro pueblo de la panamericana a unos 50 km de Tucaní. Nos contactamos con tres locos, una pareja colombiana y un argentino que viajaban con una productora audiovisual independiente, en su casa paramos más de una semana, compartimos películas, filmaciones, borracheras, excursiones al lago, mucho calor y lluvias, ventiladores, comidas colombianas y argentinas.

Por Nueva Bolivia también conocimos a un actor callejero reconocido en Venezuela, nos dio algunos libros y muchos contactos por todo el país. En este pueblo nos atendió Felipe, el director de cultura, también del palo, músico popular de una población afro quién además de integrarnos al trabajo que viene realizando con el grupo de jóvenes que lo acompañan haciendo teatro por las comunidades, nos cantó con su cuatro música popular venezolana en plena oficina, nos bajó unos 10 cocos arriba de una palmera, nos acompañó con todo su grupo a un campamento al lado del lago Maracaibo en donde además de bañarnos, compartir fogones, miradas, juegos y sancocho, tuvimos que bailar el “cintura-cintura” al ritmo de los tambores.

Felipe movió la obra por pueblos metidos en la montaña, en calles cortadas, en cooperativas de trabajo, en fin, en la Venezuela popular, la que se está moviendo, organizando, despertando, peleando.

Todo iba bien, mejor imposible, por primera vez nos atendían bien, estábamos cómodos, llenos de contactos, impregnándonos de la revolución, en la costa nos íbamos a encontrar con una gente que conocimos en Pamplona y con los que íbamos a trabajar un rato… hasta que una noche mi compañero de teatro y de andanzas nos madrugó con esta noticia: se volvía, quería regresar para estar con su chica que lo esperaba en Mendoza. La decisión fue un baldazo de agua fría, fue inoportuna pero también incuestionable pues la lógica del corazón va por otro lado, y yo, con el corazón hecho mierda por una historia larga y mal cerrada lo entendía más que nadie en el mundo. Pero sí inoportuna porque en Colombia habíamos dejado pasar una hermosa oportunidad tan sólo por recorrer Venezuela, inoportuna porque faltaba muy poco, lo mejor quizás, inoportuna porque ya teníamos funciones por gran parte de Venezuela, contactos con teatreros, con movimientos, alojamiento en todos lados, mucho material para llevar de regreso, la posibilidad de meterse más de lleno en un proceso revolucionario histórico… en fin, emprendimos la vuelta, si bien podría haberme quedado, este viaje era del grupo y no era momento para hacerlo, primero debía llegar a Mendoza y cerrar algunas cosas…

La vuelta ya no fue un viaje teatral, gastamos todos los ahorros para bajar rápido pues si íbamos a ir laburando como en la subida demoraríamos otros 6 meses en llegar a nuestras casas. Así atravesamos todo el oriente venezolano en tres días, pasando por sus enormes llanos y su imponente Gran Sabana, para luego cruzar a Brasil y atravesarlo en dos semanas.

Brasil fue muy loco. Cruzar el Amazonas fue todo un viaje. De Venezuela hasta Manaus lo hicimos por carretera; vimos carteles por todos lados de reservas aborígenes, sentimos que la selva, siempre alzándose imponente a nuestros costados nos tragaba junto con la ruta, esquivamos monos que se cruzaban por la ruta, dormimos con bravos conciertos nocturnos… después vino el río: de Manaos a Porto Velho no había carretera, así que ahí estuvimos 6 días en una balsa para avanzar por el Amazonas y el Madeira tan sólo 900 km. Esa travesía fue un flash, por los yacarés, por los paisajes al costado del río, por los marineros, por las noches estrelladas avanzando lentamente por el agua, con sumo detrás a todo volumen o quizás alguna película colombiana, por sus hamacas, por sus comidas.

Brasil fue muy lindo, tan sólo un pantallazo, pero allí pudimos conocer la enorme hospitalidad, sencillez y simpatía de sus habitantes, pudimos ir aprendiendo a comunicarnos a pesar de hablar otros idiomas, riéndonos siempre del portugués-yanqui del Wally o el portugués-tano mío (la Nati era la que mejor lo hacía), pudimos conocer la belleza de sus mujeres, las más hermosas, junto con las colombianas, de todo Latinoamérica, y pudimos hacer algunas funciones y ver que el teatro allí se puede mover también.

De allí a Bolivia, el país quizás más loco de todos, pero el que atravesamos tan solo en una semana, perdiéndonos de ser testigos más profundos de los festejos de su independencia y de su referéndum revocatorio los cuales fueron justo cuando andábamos perdidos por las rutas del Beni rodeados de caimanes, pecaríes, garzas, flamencos, choiques, aves de rapiña y carroñeras, lagartos, huellas llamadas rutas, atravesando paredes de vacas y puentes que daban miedo, durmiendo en el medio de la nada, haciendo 4 x 4 con bastante coca en la boca, pagando peajes surrealistas, atravesando ríos con balsas tiradas con sogas, charlando con algunos cazadores, patrones y mamitas…

Llegamos el 14 de agosto a la aduana Argentina, allí nos dieron una hermosa bienvenida: nos secuestraron el auto y nos hicieron pagar una enorme multa por habernos pasado 35 días al regreso legal al país, sí, treinta y cinco días más representando el arte popular argentino en la patria latinoamericana.

De allí bajamos rápido, paramos en Salta unos días pero fuimos espantados por los fachos que nos hospedaron, simpatizantes de las dictaduras, de la iglesia católica y claro, de su nuevo ídolo: Julio Cleto Cobos, ese bípedo carroñero con cara de pelotudo mezclado con topoyiyo que tan bien representa la idiosincrasia de la provincia quizás más facha, conservadora y decadente del país: mi querida mendoza.

En fin, hablaremos ahora un poco sobre Venezuela, las conclusiones más profundas de esta experiencia la dejaremos para el otro número.

Venezuela comenzó su proceso revolucionario actual formalmente en el año 92 (potenciado por el Caracazo del 89), cuando el teniente coronel Chávez junto con otros altos mandos de las FAN hicieron un levantamiento armado. Ahí Chávez estuvo preso durante dos años. Cuando salió en el 94 ya era un líder popular dispuesto a conseguir el poder y luchar por una Venezuela Bolivariana que tuviera como lema el pensamiento de aquellos próceres de la independencia que dejaron inconclusas sus batallas -similar a todos los procesos independentistas latinoamericanos-. Chávez logró su objetivo en el 98 cuando con una rotunda paliza electoral logró hacerse del máximo cargo constitucional: presidente. Allí comenzó otra etapa este país, pasando por un capitalismo nacionalista hasta postular la transición al socialismo del siglo XXI que se levanta como bandera.

Venezuela es uno de los pocos países que está proponiendo un cambio rotundo, por eso revolucionario, a las bases capitalistas instaladas durante 500 años en nuestra sufrida patria grande, las que han ocasionado dependencia y esclavitud a los designios de lo países poderosos. Venezuela tiene una ventaja mayor sobre los otros países revolucionarios: 10 años de consolidación y algo más de dinero para sostenerla (aunque el dinero puede jugar en contra, entre otras cosas atrayendo oportunistas, infiltrados y contrarrevolucionarios vestidos de rojo rojito). Venezuela está siendo la puerta para Latinoamérica de un nuevo tránsito al socialismo, alejado de las izquierdas dogmáticas y acartonadas que le hacen el juego a la derecha. Son concientes también de que el socialismo sin apoyo regional puede sucumbir con mayor facilidad ante un contexto extremadamente capitalista y dependiente. Están en pleno proceso de transición, tienen que luchar por muchos flancos, no sólo contra la oligarquía interna y los burócratas de adentro, sino también contra el imperio que ve en este país una amenaza cada vez mayor para sus rebañitos y patiecitos traseros, y por los 500 años de estupidización que los pueblos han estado mamando desde la cuna de su mestizaje, lo que ocasiona que sea muy pero muy difícil ese cambio de mentalidad rotundo que plantea el socialismo en el individuo que compone el tejido del ser social.

Aun no se ve socialismo sino elementos generadores de conciencia, de movilización y participación, elementos que hacen que la revolución vaya al paso del pueblo pero abriendo caminos con dinamita, de lo contrario el camino “pacífico” que ha elegido Chávez para llegar al socialismo no se podría lograr dentro de este contexto adverso (cada vez menos adverso), en donde además abundan signos de debilidad en los países “progres”, signos que marcan su fracaso, signos de tibieza que desenmascaran sus contradicciones y traiciones.

Rescate de símbolos de lucha por la independencia y la integración de Latinoamérica. Generación de cooperativas o núcleos endógenos, es decir, empezar a ser partes de un sistema en donde todos son dueños y trabajadores por igual, en donde deciden entre todos por medio del debate cómo desean trabajar y en qué condiciones quieren hacerlo. Estatización de empresas, es decir, alejar o marcarles el punto sobre la i a las grandes corporaciones y multinacionales, implantando otro tipo de pensamiento y la idea de sociabilización de los medios de producción. Generación de infinidad de consejos comunales, expresión de democracia directa en todos los rincones de sus estados en donde los vecinos, fuera de lo lógica partidista, se organizan y reciben fondos directos sin pasar por las alcaldías para trabajar sobre sus cercanas necesidades, las que conocen con mayor profundidad que cualquier institución pues son las de ellos y saben mejor que nadie cómo manejarlas. Misiones fuertes y profundas por toda Venezuela, ya sean de alfabetización, de acceso a la educación en todos los niveles, o como la de barrio adentro en donde la medicina cubana llega a todos los rincones, inclusive a los que se llega tan sólo en mula (una ventaja fuerte de las misiones es que en cierta manera se alejan de las estructuras viciadas del aparato estatal burgués) Construcción de medios alternativos, ya sea de radiodifusión, televisión o gráficos, pues el gobierno es conciente de que los medios masivos son instrumentos de poder y que el 99,99% de los mismos se hallan rendidos a los designios de los reaccionarios y del imperio. Conciencia de abandono del “monocultivo” (dependencia entera del petróleo) por una nueva conciencia política de industria nacional diversificada. Petro Caribe, Alba, Banco del sur, Telesur, todos elementos que intentan abrir las puertas a la unión latinoamericana sin tenerle miedo a las presiones de los países desarrollaos que son los que deciden quién se puede relacionar y con quién. En fin, todos factores que van marcando el camino, generando conciencia en la gente, conciencia de debate, de participación, de reflexión. Camino hacia el socialismo, hacia un sistema de relación en donde la justicia social y la soberanía sean pilares y puentes de maduración de los pueblos oprimidos.

Por todo ello el contacto que establecimos en Venezuela con nuestro teatro y su realidad fue diferente en muchos aspectos en relación a cómo veníamos comunicándonos con los otros países, incluido el nuestro. Por primera vez entrábamos en relación directa con el estado. Igual lo hicimos con cuidado, sabiendo que el estado, por más de que en su cabeza haya conciencia revolucionaria verdadera, sigue siendo el estado: un aparato contaminado históricamente y en el cual caen muchos “revolucionarios” sólo por conseguir un cargo y terminar sujetos de una estructura burguesa y burocrática que los termina aislando del clamor de las bases. Sabemos que el estado es un medio y no un fin, ojalá lo supieran todos, los que están adentro también. Mientras tanto hay que dar la pelea para que sea realmente el pueblo, en su maduración, el que conquiste el poder y logre su verdadera independencia hasta inclusive, en algún momento, del mismo estado.

El camino nos quedó trunco con el grupo, tuvimos que volver, pero las puertas están abiertas, es cuestión de armarse de nuevo, formar otra trouppe o sino partir solo.

Seguiremos desarrollando en el próximo relato a modo de conclusión nuestra vivencia en procesos revolucionarios.

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