De tanto jugar a exagerarlo todo

fuimos cambiando el animal.

Primero decíamos “meados por los perros”

pero se aumentó a “meados por un elefante”

Más tarde, para risa nuestra, se convirtió en “meados por un dinosaurio”

Desde aquellos días consideramos a DINO

fiel representante de nuestras malas rachas,

gestor de nuestras negatividades.

¡La risa nos ha hecho ir aún más allá en la búsqueda de aumentativos!…

 

D.I.N.O.

División Internacional de Negatividad Organizada

Hace tiempo que ocurrieron los primeros encuentros con la organización DINO.

La simple condición de “viajeros no convencionales” nos colocó rápidamente en el plano de observación de esta organización represiva. Los agravantes de ser una compañía de teatro contestataria, inconformista, inquieta, un grupo de costumbres callejeras, de pasiones revolucionarias; nos posicionaron directamente en los casilleros de seudo-peligrosos. Cuando se alcanza este rango, ya no significan gastos ni problemas dedicar algunos cuantos agentes y la infraestructura necesaria para desatar algún plan de boicot típico de DINO. Cuando esta organización, que responde directamente a los intereses de la dominación terrestre y del proceso de alienación global, detecta a un individuo o a un grupo de personas que, de cualquier manera, intentan despertar o despertar a otros, reprimen el impulso secretamente -invisibles- infiltrándose por todos los resquicios, minando por dentro y por fuera cualquier movimiento independiente que emerja. DINO es una agencia mundial que se dedica… (¿cómo decirlo sin confundir?)… se dedica a fabricar mala suerte. Son hacedores de obstáculos, constructores de dificultades, finalmente asesinos también.

Entre las muchas agencias secretas del imperio –la CIA, el Vaticano, el FBI, los Franc-masones, el sionismo- hay algunas otras más sutiles, menos constatables. Cada cual tiene su especificidad. Y como la guerra por dominar se extiende a todos los campos, hay planes secretos para todos.

Para casos como el nuestro, de “agitadores físicamente inofensivos, pero intelectualmente peligrosos”, el poder destina agencias como DINO para combatirnos a baja intensidad, de manera invisible, sin responsabilidades, pero con constancia letal. DINO no usa explosivos, ni armas, ni grandes atentados. No los necesita. Aunque sin embargo ha desatado intensas masacres. Se dedica a crear acontecimientos pequeños que, aisladamente, podrían parecer naturales, pero que, acumulados sistemáticamente, pueden ser imposibles de aguantar y en algunos casos incluso mortales.

DINO se encarga de sembrar negatividad en el camino de cualquiera que intente cambiar algo, o ver, o respirar, o gritar, o avisar a los demás, o apagar la televisión, o jugar demasiado, o amar de verdad, o cualquier otro acto (del cuerpo y del ser) que denote algún esbozo de libertad.

Hace un año aproximadamente, nos enteramos de la existencia de DINO. Ellos ya se habían enterado de la nuestra mucho tiempo antes. Nos detectaron cruzando el caribe, nos interceptaron en Panamá, nos emboscaron en Nicaragua, nos acecharon en Guatemala, pero allí les dimos un duro golpe y pudimos huir a México perdiéndoles el rastro. Nos refugiamos entre los zapatistas un tiempo, allí fortalecimos los corazones. Subimos por las carreteras de México y no volvimos a notar su presencia. Nos limpiamos en el desierto mágico. Entonces comenzamos a volver de a poco. Pero ellos se quedaron buscándonos. O quizás sólo esperando pacientemente. Tal vez observándonos.

Tiempo después, cuando contamos quinientos días de gira, salimos de México. Comenzaba el regreso, y para volver nos hay más que un gran puente: Centroamérica. Cualquiera que quiera unir América desde un extremo al otro, deberá pasar por esta garganta, este extenso cuello. En un puente son más fáciles las emboscadas.

Setenta días tardamos en cruzar esta enorme garganta. Estas son las notas que quedaron de aquellos días.

Crónicas de la Garganta

Día 501- Cruzamos la frontera por Talismán. Se nos hizo de noche en la carretera guatemalteca, donde no hay línea, ni luz, ni cartel que ayuden a adivinar el rumbo. Los faros que encandilan de frente y pasan a toda velocidad resultan ser la única referencia en el camino. Llegamos a la ciudad de Guatemala a medianoche, cuando sólo quedan los que nunca se van. Nos vinimos directamente a la pensión Meza, que se siente como un oasis en el desierto de la oscuridad.

Día 503- Dos días bastaron para reponernos en aquella querida pensión donde un día también descansó el “Che” Guevara. Entonces decidimos partir. Antes de irnos dejamos la marca 3GL en una pared de la habitación más grande de la pensión. Después pensamos que podría verla alguien no conveniente, pero ya estaba hecho.

Viajamos todo el día sin complicaciones. Al mediodía afiebrado, nos tomaron la temperatura en la frontera. El fantasma de la gripe A había llegado antes que nosotros a El Salvador. Por la noche, ya estábamos en la capital del pequeño país. Fuimos a parar al departamento de unos vascos onegeístas, anarcos y drogones. Muy hospitalarios.

Día 505- Hoy murió Mario Benedetti. La noticia llegó temprano, mientras un extraño sopor se apoderaba de nosotros. Ayer tuvimos la alegría de reencontrarnos con nuestro amigo Mássimo. Él nos llevó a vivir a lo de Héctor, un chileno coqueto y bien humorado, que nos recibió con los brazos abiertos y el vino descorchado.

Día 509- Una inercia colectiva nos ha invadido. Advertimos algo. Una presencia. Bromeamos recordando a DINO, lo hacemos como para minimizar cualquier probabilidad. Sabemos que la risa nos cura.
En San Salvador hace mucho calor y las acciones cuestan.

Día 511- El gordo Maty anduvo abstraído toda la mañana. Hace tiempo que su vínculo con Flor se nos ha enrarecido a los demás. Pero hoy particularmente se sentía algo especial, algo distinto. Nuestros corazones no se equivocaban. Luego de cocinar un rico almuerzo, pero antes de comerlo, Maty nos lee algo que escribió. Es una carta para todos. Es muy bella y está llena de gracias y de amores. Al final devela una noticia. Maty y Flor están embarazados. La noticia es un fuerte abrazo entre hermanos, pero también un mar de preguntas.

Día 514- La tensión y las vibraciones negativas han alcanzado un límite. Todo desemboca en una calurosa, pero necesaria asamblea. Decimos, nos confrontamos, discutimos. También aceptamos, entendemos, acordamos. Pero esta vez no logramos desbloquearnos del todo. Algo se nos ha metido en los corazones. La broma de DINO ya no es broma. Creemos que nos observa y nos sigue, aunque no podemos demostrarlo.

Día 516- Ya no se aguantaba más. Una nueva asamblea explotó espontáneamente esta mañana. Estamos dolidos, algo nos confunde y nos enfrenta. Pero la sinceridad nos juega a favor. Terminamos reagrupándonos.
Hace un rato, mientras dormíamos, sentimos el primer indicio inclaudicable. La tierra tembló. Eran alrededor de las tres de la madrugada. Se sacudió el piso con cada paso de DINO. Ya está aquí, DINO nos ha alcanzado nuevamente.

Día 518- A modo de respuesta sorpresiva montamos un atentado artístico en la universidad de El Salvador. En compañía de varios aliados que se sumaron, preparamos en dos días una intervención análoga a aquella de Guatemala donde dimos por tierra con DINO. Por la tarde atentamos en la explanada central de la universidad. Fue más simbólico que efectivo. Fue como un pequeño ritual guerrero para foguearnos los corazones, y así prepararnos para lo que viniera. Al terminar nos limpiaron en la fuente a modo de agradecimiento.

Día 519- Sabemos que nuestro mejor recurso ante la presencia del enemigo es la movilidad y la acción directa. Hoy al mediodía nos fuimos a Saragoza para apoyar el aniversario de radio Bálsamo, una emisora combativa del lugar. Aportamos Libres Lombrices y más tarde saltamos juntos al ritmo de Pescozada. La noche terminó dura y demasiado conversada en casa de una de las vascas. “…y cae la lluvia en estocadas finas.”

Día 521- Hoy el FMLN (Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional) asumió el gobierno de El Salvador. Es un día histórico en estas tierras. Desde la guerra civil, cuando los gringos masacraron al pueblo salvadoreño con la ayuda de unos cuantos títeres locales, el gobierno lo mantiene ARENA, el partido de los títeres. Pero el pueblo está harto. Fuimos al estadio teñido de rojo y de sonrisas. Nos pareció ver agentes de DINO por todas partes. Seguramente no fue sólo paranoia. Por la noche festejamos comiendo lasaña todos juntos, agotadísimos.

Día 523- Finalmente escapamos de El Salvador. Nos fuimos de madrugada, intentando la invisibilidad. Ayer nos despedimos con abrazos de nuestros amigos. De Mássimo y Nicoletta que se van a Italia. De Héctor, a quién finalmente no logramos destaparle la tina del patio. De Venancio, el amigo brasilero que ni samba, ni joga capoeira, ni joga futebol, pero que tiene un encanto único para la conversación y la apacible plática.

La carretera fue nítida en su primer tramo. El sol de la mañana nos fue calentando y tocó el cenit justo cuando llegamos a la frontera con Honduras. Allí nos esperaban.

El único edificio que levantaron en ese lugar incluye aduana, policía, banco y oficinas varias. Es muy viejo, está semidestruido. El azul de sus paredes evidencia la original intención de dar oficialismo y autoridad a esta magrez de lugar. Hoy, los puestos ambulantes han copado todo su alrededor y la suciedad es el único decoro que queda. Las telarañas por fuera anuncian las telarañas del interior. Las enmarañadas almas de los seres que habitan las fronteras. Aciagos funcionarios, grises oportunistas que ni siquiera tienen la comicidad del embustero, personas varadas y enfermas, mendigos institucionalizados, policías aberenjenados. Allí nos cocinamos dos largas horas, sazonados de trámites y revueltos en discusiones estériles. Finalmente pagamos la delirante suma que nos exigían en nombre del estado hondureño, y nos fuimos.

La ruta estaba muy caliente. Los ánimos, ni hablar. Una goma se reventó a los diez minutos, como reverenciando el advenimiento de la desgracia. Logramos cambiarla, aunque torcimos el gato y nos empapamos de transpiración y congoja.

Continuamos viaje. Esta tarde nos detuvieron media docena de veces más. La policía hondureña, apostada cada pocos kilómetros, detiene autos y camiones con un criterio aborrecible. A nosotros, por ejemplo, nos paran siempre. Placas mexicanas, equipaje en el techo, barbudos al volante… ¡graffiti al costado del vehículo! No se puede dejar pasar un coche así, sin meter las narices al menos. Hay que demorar, molestar, buscar excusas de infracción, coimear aunque sea. Las órdenes de esta gente son precisas, hay que boicotear. Toda la acción llevaba la firma inconfundible de DINO.

Al atardecer, sólo habíamos alcanzado a llegar a Choluteca. De pronto, la Colo empezó a rugir fuerte, luego salió humo por atrás y se paró el motor de repente. Lo único que faltaba en este día de atentados. La Colo no respondía. Estábamos exhaustos.

Un tipo de apariencia duendil nos vio desde la vereda de enfrente y se acercó. Con mucho respeto se puso a ayudarnos. Se metió por debajo, revisó y descubrió que habíamos quemado el motor de arranque, el burro. Juntó los cables quemados, empujamos y arrancó en segunda. Gracias, Juan Antonio, única luz en este día de tinieblas.

A partir de esta tarde la Colo se arranca empujando. Nos vinimos a este hotel de pueblo a repararnos y a soñar un poco.

Día 524- Hoy despertamos temprano, empujamos y nos fuimos directo a la frontera, que ya estaba cerca. Cruzamos la línea imaginaria con obligatorios barbijos preventivos de la nueva peste. Llegamos a Nicaragua. De camino, almorzamos en Chinandega. Por la noche nos detuvimos a dormir en León. Paseamos por sus antiguas formas, comimos, nos relajamos un poco.

Día 525- Despertamos bien temprano y salimos de nuevo. Unos cuantos retenes policiales no nos impidieron llegar hasta cerca de Granada y almorzar rico. Por la tarde llegamos a la nueva frontera. Costa Rica nos dejó entrar más fácilmente. Estábamos cansados y la playa estaba cerca. Decidimos ir a dormir junto al mar. ¿Decidimos esto o fuimos influenciados por todos los comentarios que recibimos en el camino? ¿Caímos inconscientemente en esta nueva trampa o fuimos manipulados? Da lo mismo. Nos desviamos de la panamericana y entramos en La Cruz. Bajamos a la playa por un camino empinado.

Allí el mar dibuja una bahía bien cerrada. La superficie acuática parece inmóvil. Un pueblo de pescadores no puede evitar ensuciar el agua de la costa. El clima húmedo y caliente es un horno de infecciones. Sin embargo el paisaje es bello y la noche llega, así que acampamos. Juntamos madera y prendimos fuego. Un cuarto de hora después se desató una lluvia que no nos dejó más opción que la de huir a la casa más cercana. Los pescadores nos vendieron cena y agua. Los zancudos también cenaron con nosotros, pero debajo de la mesa. Dormimos empapados, tragamos agua sucia, respiramos húmedo y frío.

Día 526- Costó ponerse en pie en esa playa. Pero el sol subía y el barro se secaba en nuestros pies. Había que seguir un último tramo. Todo lo que guardamos estaba mojado y lleno de arena. Empujamos y volvimos a la carretera. Después de pasar por Liberia, el motor de la Colo comenzó a apagarse. Almorzamos en un parador. Miramos un poco el interior de la combi sin entender lo suficiente. Becerra limpió, sopleteó, observó algunas piezas. Ya faltaba poco para llegar a Heredia. Seguimos el viaje con la ansiedad de estar llegando y la impotencia mecánica que nos obligaba a cruzar los pies para conducir, sin soltar nunca el acelerador porque si no se apaga el motor y hay que bajar a empujar, sea calle, avenida o autopista. Maty manejó el último tramo. Le tocaron los malabares con los pies. En el peaje se nos paró el motor y fueron segundos enloquecidos. Entramos a la ciudad despacito, estresados por la tensión del gordo. Llegamos al parque central de Heredia y allí dejamos que se duerma la Colo que ya no daba más.

En la ciudad nos encontramos con Sally, una amiga que habíamos conocido el año pasado en Managua. Nos trajo al departamento de Gustavo, el otro aliado que nos esperaba. Una vez aquí nos desplomamos de cansancio. Sobrevivimos a esta batalla rutera. Tenemos a DINO pegado a los talones.

Día 527- A pesar del agotamiento, hoy es domingo y no podíamos dejar pasar la oportunidad del ruedo. Tiramos Soñando Historias en el parque central. A la tarde nos mudamos aquí, al estudio de los Sotavento. Un espacio más cómodo para que asentemos un poco. Maty no se siente nada bien.

Día 530- Durante estos días Maty se sintió cada vez peor. Un dolor de cabeza en aumento lo tortura sin descanso. Un médico, que no sabe por qué lo es, diagnosticó amigdalitis y le recetó unos antibióticos. Pero Maty está peor y el problema no parece residir en las amígdalas. Anoche fuimos al hospital y tampoco están seguros, quieren más estudios. Hemos limpiado el espacio para intentar darle armonía de hogar y convivir estos días que nos tocan. Pero el clima entre nosotros se ha vuelto a endurecer. Flor vive con nosotros, pero casi no nos comunicamos. Se percibe una interrupción en el vínculo. A veces nos sentimos un poco enojados. Hoy Ecuador le ganó dos a cero a Argentina y no nos sorprendió. Por la noche Maty empeoró y decidieron internarlo. DINO no para de atentar.

Día 531- Por la mañana no nos dan nuevas del gordo. La sala desespera. Volvemos a la casa. Comemos sin hambre. A la tarde Caro trae la noticia del hospital: Maty tiene meningitis viral. Todos nos contagiamos de preocupación. Por la tarde cumplimos un ensayo técnico que teníamos comprometido en el teatro de la universidad, aunque nuestros corazones se habían quedado en el hospital. Hace un rato Maty volvió a dormir al estudio, en el hospital no hay camas. Se ve treinta años más viejo. Y el barbijo… ¡qué dolor sentimos todos!

Día 536- Tocar fondo nos sirvió para comenzar a subir. Estos días, con la medicación adecuada, Maty se estabilizó. Aunque no ha logrado incorporarse del todo, va y viene del hospital al estudio. Flor lo acompaña siempre, aunque transita por un plano distinto al nuestro. A la tarde salieron juntos. No volvieron en todo el día. La noche se instaló sin saber nada de ellos. Se hizo tarde, nos preocupamos. Salí a buscarlos. Fui al hospital y nada. Luego a lo de Gustavo, nada. Di vueltas por los parques, nada. Volví a la casa para perder mi última esperanza de encuentro. Nada. No habían vuelto. Nos acostamos para dejar de ver el ceño de los otros igual de fruncido. De pronto, golpearon la puerta. ¿Quién es? La pregunta sonó artificial. Eran ellos que volvían del cine. La alegría de la falsa alarma se mezcló con el enojo. No sabíamos qué hacer, ni qué decirnos. Era inevitable una trasnochada asamblea gatuna, intensa y profunda. Nos quedarnos hablando hasta pasadas las tres. Era vital, necesitábamos decirnos cosas, estábamos atravesados por DINO. Importantes decisiones se dibujaron esta noche.

Día 537- Hoy murió Fernando Peña. Más tarde Alejandro Doria. Unos cientos de niños habrán fallecido en Chaco y Formosa. Ninguno de ellos murió de gripe A. Las noticias de Argentina llegan sucias y emparchadas.

Día 538- Nos despertamos con sabor a revancha. Con cautela y humildad, pero implacables. Maty está mucho mejor. Por la tarde revisamos luces, ensayamos un poco, estiramos. Nos sincronizamos para la función. Nos familiarizamos con la sala. En punto llegó el público, se formó en fila ante la entrada. Qué alegría en los camarines. Un Cuento Negro, función número trece de este año, cincuenta y cinco de la gira, buen aquelarre contra la oscuridad, frescura para los corazones. Resucitamos en Oscurópolis, en la piel de estos queridos marginales. Después de la función, como confirmando la batalla triunfal, Paula nos invitó al restaurante de sus padres, un lugar alejado de la ciudad. Nos fuimos con ella y los gabrieles, también con Gustavo y otros más. Pasamos una noche de fiesta espontánea donde no faltó nada. Exquisitos bocados valencianos, paella a discreción, sangría, vino de bota. Todo al son de la apasionada recepción de Vicente, el papá de Paula, un aventurero rechoncho y divertido. Volvimos a dormir borrachos, con la sensación de estar felices. Ganábamos un pequeño combate anímico.

Día 540- Hoy presentamos Libres Lombrices en el parque. La lluvia nos censuró el final. Hemos conectado con nuestra amiga Lilí de Puebla. Ella nos va a ayudar a buscar en México, el repuesto que necesita la Colo. Hay que resucitarla con urgencia. Por la noche festejamos la despedida de Ochoa, se va un tiempo a su tierra natal, Honduras. Ron, risas y abrazos. DINO está atenuado.

Día 545- En estos días siguieron nuestras asambleas. Comenzamos a entendernos de nuevo. Hemos tomado decisiones difíciles, pero necesarias. Flor ya no va a estar entre nosotros. Por la tarde nos fuimos al restaurante de Vicente. Organizamos todo para la función. A la noche estalló Victorio, el reidor, mientras Michael Jackson moría consumido por su fama. Luego festejamos con paella y vino tinto.

Día 548- Preparábamos la función en el parque y la noticia nos pareció un chiste. Luego de la repetición tuvimos que tomarlo en serio. Lo denunciamos al terminar la obra como si con eso consiguiéramos algo más que un aplauso. En Honduras se desató un golpe de estado en pleno siglo XXI. No lo podemos creer del todo. La oligarquía voraz se cagó en todo decoro y diplomacia, y se llevó a Zelaya en piyama hasta Costa Rica. A los tiros, con tanques en la plaza central, al mejor estilo golpista setentoso. A la nochecita nos enteramos que en Argentina también tomaron el poder los mismos, aunque con técnicas más sutiles. Logran hipnotizar al pueblo de tal manera que la mayoría vuelve a votarlos. Y sin embargo son los mismos saqueadores, los ya develados traidores, los reconocidos asesinos, sólo que cambian de disfraz. Ahora se visten de campesinos. El voto en Argentina sufre de arterioesclerosis grave.

Día 550- Hoy murió Pina Bauchs, un referente del movimiento escénico. Charlamos sobre la presencia de la muerte en estos tiempos. Se siente espesa, la muerte.

Día 551- Confirmando lo percibido, esta tarde llegó un mensaje que nos destrozó el corazón. Murió el Lui Flamini, un gran amigo. Un viajero de bicicleta, músico, cirquero. Junto a su hermano, el Berso Flamini, giraban hace años por Sudamérica, repartiendo amor y sonrisas a pedal. Grandes magos de la carretera, viajaban “metro a metro”, sin dejar una fracción sin contemplar. Un bus veloz e infernal se llevó la vida del Lui en alguna ruta peruana. Pero ni siquiera ese duro impacto logró llevarse la esencia de estas personas que, como nosotros, como otros miles que somos, intentamos un mundo mejor y un camino de paz para la humanidad. Nuestro más querido abrazo para los Flamini, acá, allá, adonde quiera que anden.

Día 553- Lo inevitable debe ser. Hoy se fue Flor. Se va a la playa con su hermana y luego vuela a Argentina. Hoy, sincrónicamente, era el último día para esperar el repuesto de México. Mañana tenemos que viajar al sur del país para cumplir un compromiso. A la tarde, cuando la esperanza flaqueaba, un tipo de mameluco tocó la puerta devolviéndonos la sonrisa. Llegó el motor de arranque gracias a la tarea amiga de Lilí, allá en Puebla. Becerra no esperó nada, se tiró debajo de la Colo para cambiar la pieza. Le ayudé como pude. Media hora después probamos. Giré la llave y la Colo volvió a rugir bajo nuestros pies. ¡Cuántos aullidos de alegría! La Colo ha resucitado.

Día 554- Ya no había nada que esperar. Anoche nos despedimos de nuestros amigos, los Sotavento, que fueron una gran compañía en estos días de Heredia. Partimos después del amanecer. Superado el mediodía ya estábamos en San Isidro del General. Allí pasamos el día. Actuamos dos veces por un evento de ayuda a niños con enfermedades terminales.

Día 555- Viajamos sin mayores problemas hasta Ciudad Neily, donde Costa Rica se acaba. Llegamos a la casa de nuestro gran amigo Arnaldo, a su nueva casita de madera. Fue una alegría y también una nostalgia volver a ver a alguien tan relacionado a este viaje. Sospecho que es una señal de cierta energía que reaparecerá durante este regreso a casa. Por la noche, el doctor William, un tico fanático de lo argentino, nos invitó un rico asado con vino tinto. Los zancudos nos devoraron.

Día 556- Pasamos todo el día en la bella casa de campo del doctor William. Desde allí vimos la playa a lo lejos, vimos un arco iris nacer y morir. Comimos pizzas caseras que hicieron Juan y Maty. Un día delicioso y calmo. Pero no hemos olvidado a DINO.

Día 558- Partimos bien temprano de Neily. Cruzamos la frontera menos problemática. Levantamos a un francés que hacía dedo. Viajamos sin muchas pausas hasta la megápolis que nos aguardaba, Panamá City. Cuando se llega desde afuera es verdaderamente exuberante el brillo, la altura y la densidad de los edificios. Rascacielos de cristal con nombres rimbombantes contrastan el alrededor selvático. Esquivamos toda esa parafernalia y nos fuimos a la ciudad vieja, donde luce todo el desecho de la mentira imperialista. De este lado sobran los pobres, los desvalidos. Abundan las penas, la prostitución, el crack. Este es el resultado inmediato del otro Panamá.

Casa Grande nos esperaba prácticamente idéntica que aquella vez. Los recuerdos aturdían al penetrar esa casa tan vieja. Nos dieron las mismas habitaciones que el año pasado. Más esencia del retorno.

Día 559- Con Caro nos fuimos a Colón, el lado atlántico de Panamá. Puro puerto y mugre. Gente de colores gritando en las calles. Olor a pescado rancio en cada paso. Fritangas, calor, cafecitos. Necesitábamos contactar con las compañías navieras. Algo conseguimos. Por la noche volvimos a Ciudad de Panamá e hicimos planes entre todos, después de que nos contaron la anécdota policial de la mañana en el semáforo.

Día 561- Hoy también nos llevaron presos. La política de Panamá es no tolerar nada. Ni siquiera unos muchachos coloreando los semáforos. Es un día con gusto a rock. A la noche deambulamos tiesos por los laberintos de Casa Grande.

Día 563- Con Maty nos fuimos temprano a hacer trámites. Es una proeza burocrática cruzar un vehículo en barco. Me fui sintiendo cada vez peor durante el día. Me subió la fiebre por la tarde. A la noche medí más de treinta y nueve y nos fuimos al hospital. Tengo influenza, pero de la común, una gripe fuerte. Aquí le dicen la rompehuesos. Esa que sigue matando mucha más gente que la nueva N1H1.

Día 564- Pichi juega en el patio interno de Casa Grande con Yadir. Parece una niña más. Ella y Caro se han encariñado mucho con él. Yadir debe tener unos siete años, pero habla y pesa como uno de cuatro. Vive allí con su madre y su hermana, en un cuarto pequeño los tres, encerrados. La mamá trashuma un odio interior. Odio a su vida desechada, a su mala fortuna, a su tener que tolerar todas las noches barrigas blandas abominables, penes infelices, babas aborrecibles. Este niño ha brillado estos días con un poco de amor. El otro día le pidió a Caro que lo lleve a la playa. Fueron. La playa alrededor de la ciudad es un lodazal inmundo. El agua negra, espesada por tantas barreras que le ponen al mar, está adornada de miles de envases, vidrios, papeles, botellas, bolsas. Allí se metió Yadir, corriendo y estallando de felicidad, sintiendo la libertad entre tanta miseria, mientras Caro escondía sus lágrimas y lo llamaba para volver a la casa.

Día 566- Parece que todo va a ser posible. Nos llegó dinero de Argentina, apoyo certero y comprometido de las familias. Con Maty volvimos a Colón, escoltados por Taylor, un gringo que conocimos y con el que arreglamos cruzar en el mismo container, para bajar costos. El puerto en Colón es gigante, las monumentales máquinas mueven los contenedores como piezas de un juego. Mientras, los papeleos son interminables. Finalmente, antes de que caiga el sol, metemos a la Colo en un gran container anaranjado. Adiós amiga, nos veremos en Sudamérica.

Día 567- Sólo faltábamos nosotros. Hoy fue un día de preparativos apresurados y torpes, como cada día en que nos disponemos a mover. También en Casa Grande dejamos una gran marca 3GL, aunque la vean. Llegamos temprano al aeropuerto. Embarcamos ansiosos en un avioncito más pequeño que un bus. Un abrir y cerrar de ojos, un batir de alas de insecto, estábamos de nuevo en Sudamérica. El avión aterrizó, nosotros caímos mucho más tarde.

Día 570- Sobrevivimos a la garganta. Los ataques de DINO no nos mataron. Entonces nos fortalecieron. Atravesamos Centroamérica en setenta días tumultuosos. Desde Tapachula hasta Cartagena de Indias todo fue una verdadera aventura. Sufrimos golpes duros, quizás los más duros de nuestra pequeña historia de grupo, pero nos probamos nuestra templanza. Aquí estamos, de nuevo en este lado del continente. Lejos de casa, pero mucho más cerca. Nos duele la espalda, estamos cansados, marcados. Pero tenemos el corazón más ensanchado que nunca.

Ya estamos en Colombia, comienza un nuevo capítulo.

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