Han pasado dos meses entre nuestro informe anterior y éste que hoy les enviamos. Dos meses que al intentar recapitular se hacen enormes meses, gigantes, repletos de nuevos sucesos y nuevos estados del alma. Se torna ardua la tarea de sintetizar toda esta gran experiencia que comenzó por aquellos días en que llegamos a Colombia, un mundo de matices, ritmos y formas que se mezclan con una dinámica muy especial.

En Bogotá, primer destino al que arribamos, tuvimos el placer de participar en el XI Festival Ibero-Americano de Teatro, uno de los grandes del mundo. Por tres veces cobró vida nuestra más reciente obra Un Cuento Negro, en una sala repleta de variadas gentes que nos regalaron sus aplausos, sus abrazos y sus palabras de aliento, con una sincera calidez que nos llenó el corazón. Fue una experiencia inolvidable y un buen empujón para nuestra recién nacida. De paso, no perdimos tiempo y cometimos nuestro atentado artístico preferido: Las Costureras. Durante un par de noches de espectáculos cómicos en el Café de la Comedia de Cor-Ferias, nos subimos al escenario y bailamos con nuestros vestidos claros, para sorpresa y risa de varios cientos de espectadores que nunca esperaron algo así. Como siempre, Las Costureras lograron derribar el ambiente rutinario, monótono y costumbrista, uno de sus objetivos principales.

Al finalizar el festival, todos los acontecimientos se polarizaron de manera categórica. Viajamos inmediatamente a la provincia de La Libertad, en el departamento de Boyacá. El fin de este movimiento consistía en realizar un proyecto de teatro social en algunas comunidades de la provincia, muy afectadas por la situación bélica que Colombia atraviesa desde hace más de cuatro décadas. Llevar a cabo esto fue posible gracias a la alianza con la ONG Semillas, una asociación para la recuperación social y cultural de los pueblos, que trabaja hace varios años en la zona.

Así fue que llegamos a Pisba, un pueblito depositado desinteresadamente sobre las hermosas montañas boyacenses, lleno de niños que no saben bien qué hacer en ese contexto de padres preferentemente alcohólicos, embrutecidos, rodeados de trincheras y soldados armados con ametralladoras y morteros, casi sin luz eléctrica y lejos de todo. Allí, luego de asimilar el paisaje, que más bien parecía el rodaje de Apocalypsis Now o Pelotón, comenzó el trabajo.

Nuestra misión: Jugar, enseñar, aprender, abrir corazones, unir, despertar.

Nuestras armas: el teatro, el circo, el amor.

Nuestros aliados: los niños, luego todos.

Nuestras estrategias: hacer talleres, montar una obra, jugar, enseñar malabares, charlar, prender fuegos, nadar en el río, cuestionar, hacer funciones, embebernos de la comunidad, reírnos juntos.

Nuestro modo de supervivencia: la honestidad, la paciencia y la gran amistad que nos une.

 

3 gatos locos

A raíz de la misma misión también visitamos Paya, Labranzagrande y Morcote, otros rincones de esta provincia que fue el glorioso paso libertario de Simón Bolivar y que hoy, y desde hace rato, es el escenario de esta triste guerra entre hermanos, organizada por los mismos traidores a la humanidad que siempre diseñan las guerras en estas latitudes. Y en otras.

En cada uno de estos lugares, y en sus alrededores, conocimos gente maravillosa, niños hermosos llenos de ganas de vivir una vida más libre y pacífica, portadores de nuevas visiones, herederos del planeta. A todos ellos les estamos eternamente agradecidos por todo lo que significó aquella intensa temporada. Fueron casi dos meses que vivimos en las montañas, bastante aislados del resto, pero bien impregnados de aquella gente amable y hospitalaria. Sazonamos aquellos días jugando al futbol con cada comando policial o militar que nos aceptara el desafío, andando en mulas y caballos, recorriendo pueblos, aceptando invitaciones amigables y aprendiendo más sobre toda la historia de este país y sobre las vicisitudes políticas que por TV se ven tan maquilladas con opiniones deshonestas y manipuladas.

Terminó esta etapa el pasado 11 de mayo. Cerramos participando en el I Foro Social Ambiental de Pisba, organizado también por la ONG , donde presentamos nuestra versión especial de Soñando Historias, resultado del trabajo de estos meses, con aproximadamente cuarenta chicos actuando y malabareando. Fue verdaderamente movilizador para todos. Para ellos, para nosotros, para el pueblo que lo vio, para la organización que apostó por nuestro trabajo, para los militares y policías, casi todos adolescentes que los dejan en el monte con un fusil a esperar no saben bien qué, para las autoridades oxidadas. Realmente fue un momento especial para todos. Sincrónicamente al momento de irnos llegaron nuestros compañeros y hermanos, Los Buenos de Palermo, que se quedarán trabajando también en Boyacá con las comunidades. Una red, nuestro sueño.

Nos fuimos de allá felices y conmovidos. Con la sensación de haber cumplido un buen objetivo.

Ahora todo volvió a cambiar. Ampliamos nuestra visa en Colombia y nos vinimos a Cartagena de Indias. Una gran ciudad del Caribe, con sus muros coloniales, con sus morenos, con su puerto antiguo, que nos depara nuevas experiencias que recién comenzaremos a descubrir.

Les agradecemos profunda y sinceramente que estén allí leyendo este informe. Lo consideramos de vital importancia. Gracias también por entender la longitud de este mensaje y por aguantarla, fue imposible hacerlo más corto. Adjuntamos un álbum de fotos que, creemos, ayudará a completar estas palabras.

Al abrazarlos, queremos también dejar sentado nuestro repudio a las repetitivas expresiones de soberbia y autoritarismo de todas las ramas oligarcas que agobian y depredan a nuestro querido pueblo argentino.

Los saludamos con un fuerte abrazo y con la alegría de seguir en contacto desde otro lugar de esta gran casa, Latino-América.

Hasta pronto. 

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