Ilusionista

 

Pasan las horas,

las canciones,

los perfumes,

los besos;

y todo se confunde,

entre compañía,

sangre

y

noche.

 

La muerte se riega en soledades alimentándose de destiempos;

Y nos espera a los agonizantes,

derrumbados en reproches.

Nadie nota que esta rota la vida ilusionista;

y los grandes cobardes,

que comen y tragan:

Nuestros besos,

los perfumes,

las canciones

y la muerte;

pasan las horas en compañía de la ilusión.

La suya…

La más macabra de todas.

 

 

Desesperado poeta de la pluma y el beso

A Federico

 

He aquí mi profanada paciencia, una vez, como tantas,

esperando y comprendiendo la huida del mundo en mariposa.

El beso flagelado y olvidado

salta entre los vivos muertos,

buscando recuperar su preciado y mal tratado lugar.

Y los desesperados reclaman a sangre pelada,

a grito abierto,

el beso tibio de la caricia ignorada.

En silla de ruedas anda el mundo,

en bajada directa.

Y la raza,

la nuestra,

empuja la silla olvidado,

olvidadizo y enceguecido hacia la nada.

¿ Puede caber en cuerpos inteligentes, como los nuestros, tanta maldad por ignorancia?

Ya no se avanza.

Solo se escapa a las escupidas tiradas al cielo.

A los trozos de almas quemadas que caen como lluvia.

En llantos los desesperados intentan salvar lo poco que les deja la maldita cordura.

Los desesperados que aún tienen el alma sensual,

la piel tajeada de sentir,

y los ojos llorosos por el desasosiego posterior al amor profundo.

Yo me considero un desesperado,

pues así lo quiero.

Pongo en juego sin final,

mi sensorialidad en mil sentidos sensuales.

Quiero estar despierto.

Y quizás me espere también la muerte, el homicidio impune.

Pero tengo la certeza que mi sangre con pulso aún, será luego semilla. Y crecerá fertilizando otro beso, otro cuerpo condenado inteligente, a la vida en muerte.

 

 

¿Más?

A la madre que me parió

Si no creyera en las yemas de mis dedos.

Y si así lo hiciera sobre mis pechos fértiles.

Si supiera a toda certeza que la pasión del placer bailará sobre mi cuerpo, alguna vez, muerto.

Si concluyera mi búsqueda sudorosa en la respuesta preguntada exacta.

Si mis manos dejaran de cansarse y no lo notara.

Si no creyera en la planta de los pies descalzos.

Tajados y arañados por lo áspero del cansancio.

Si mis sentidos volaran de mmi cuerpo escapantes y espantados.

Si me encontrase sola por impenetrable.

Y al abrirse el telón de los ojos, no me palpitase el ritmo de la sangre. Saltando, salvaje encerrada.

Y fuera tan nada la nada que no hubiese ni llanto ni soledad.

Si creyera en fétidas buenas morales y no lo hiciera en…mi…, en él…, ella, ellos.

Si el olfato, el mío, olvidase por dónde volver a casa y el cuerpo se rindiese exhausto de placeres no alcanzados.

Por cansado el cuerpo me abandonase en el banco solo y astillado.

Si ahí me dejase.

Si el arte se volviera en mi discurso y panfleto.

Si me aburriera de reír.

Si por amarte dejara de odiarte y por odiarte dejaras de importarme.

Y al despertar me doliera el cuerpo…, por nada.

Si no creyera en tus sueños.

Y despertar, una vez más, sin haberte sentido besarme la frente.

Si vomitase el vientre de mi madre.

Si durmiera mi ser entero en coma cuatro.

Si muriera el pulso del placer en la saliva.

Si no creyera en el placer del lápiz cantando melodías de papel.

Si no creyera en las palabras que saltan de mi boca y mi boca se tragara el veneno del silencio.

Si mi ritmo se olvidase de ser sensual y mi sensorialidad desapareciera….

…¿Qué más?…

¡Ya no estoy!

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