En los sueños

 

El cabello, ondulándose bajo el agua, desgarrándose. Mi mano estirándose al vacío, tanto que no se alcanzan ver los dedos. Abriéndose, cerrándose, sin llegar a ningún lugar. El color rojo inundando la humedad en mis ojos,  y el paisaje rojo, que me resulta tan conocido, ardiendo en el lienzo.  

Recién despierto pero las imágenes están impregnadas en mí, al menos por estos instantes en los que me cuesta respirar. No soy bueno para recordar sueños. Ya se ha convertido en costumbre la escena en la que muero, pero no muero. En la asfixia cuando me ahogo bajo el agua, pero nunca entra el líquido en mí. En la caída eterna hacia el vacío y el golpe fulmine, pero que nunca golpea mi ser ¿O sí? realmente no lo sé. Pero cada vez que despierto debo anotar las últimas imágenes que logro recordar.

Vos seguís durmiendo sin notar que otra vez me cuesta respirar. No, no es por estar durmiendo a tu lado, creo que desde niño tuve problemas, algo en los pulmones, aunque a veces me da la sensación que el aire no es mi medio natural. Ahora que prendí la luz para escribir, me di cuenta lo bella que sos cuando estás dormida. Lo que más pena me da es que no puedas ver mis ojos como hechizados, observando atentamente cada movimiento que realiza tu mirada, escondida bajo esos pequeños párpados sombreados. Apuesto a que sueñas con las nubes de algodón, recostada en la Plaza Independencia bajo un árbol, de algún verano. Y con tus manos chiquititas, robás un pedacito de nube que se convierte en el más dulce de todo algodón de azúcar jamás antes probado. No estás sóla, pero tampoco estoy Yo. Seguramente no estoy Yo. Te imagino escapando de todo lo terrenal, como Remedios, tan perfecta, tan hermosa, tan inocente de la basura de este mundo. Lo imagino porque anoche nos quedamos hasta muy tarde, desnudos, leyendo. Leyéndonos.

 

Yo realmente no puedo saber que soñás en este momento, no es una de mis habilidades, ja.

Lamentablemente no puedo evitar imaginar.

Me es más fácil hablarte ahora que estás dormida, no sé por qué. Es el silencio de la noche, no la luna ni las estrellas, estas nunca me parecieron bellas ni serenas. Es cuando todos duermen y Yo no. A lo que voy, es que las palabras justas me salen cuando no las escuchás. Ayer nos enojamos, y terminamos en un abrazo para no discutir más. Odio eso. Me es inevitable caer en tus brazos, y ahogarme entre tus dedos que acarician mi cabello. Esas caricias de inmortalidad.

 

Mientras escribo estas palabras, las leo en voz alta para los dos. No sé si escucharás algo, o si yo estoy despierto de verdad recitando, pero necesito decirte que ya no creo en la libertad. Me cuesta pensar que algún día seremos libres de verdad, pero más me cuesta decírtelo cuando estas despierta.

¿Estás despierta? Espero que no.

Yo lo creo una utopía, y vos una verdad. De lo que estoy seguro, es que a los dos nos está moviendo por sinuosos caminos que hoy se han cruzado. Yo creo que ya no puedo elegir, pues si lo hago es porque algo previamente me condicionó a elegir así, y sé que te parecería gracioso, pero lo estudié en psicología, me encuentro casi convencido de que es así. Vos sos diferente, por eso me gusta verte soñar. ¡Dios, cómo me encantaría entrar en tu mundo!

Necesito escribir estas palabras porque hace una semana que tengo el mismo sueño, te veo llorando a escondidas mientras desgarras tu cabello, desesperada, comiendo la cal de las paredes de aquello que alguna vez fue nuestro hogar. Y yo que estoy como pegado al piso, no te puedo alcanzar hasta que todo se vuelve rojo, tan rojo, que huele a sangre. Y no sé cómo interpretarlo. Vivimos juntos hace tres años, y todavía tengo miedo de tu seguridad, y tu pared de ladrillos tan difícil de quebrar. Temo por tu solidez y tu voz firme al hablar ¿Y si todo se viene abajo? Vos luchas, cuando yo me escondo bajo las sábanas como cuando chico, sentía ruidos en la oscuridad. Oh Dios, cuan más real se vuelve esto, menos creo en vos.

Quizá todo tiene un poco del realismo mágico. Pues hay tanta magia en este momento en el que te veo. Tanto de eso que “no se ve”. “Sólo porque todavía no pueda sentir el roce de tu piel, no significa que no esté allí”. Al menos es mi única esperanza, porque sé que antes te he sentido. Así es cómo la escena se vuelve irreal, cuando te escucho susurrar palabras, que quizá no están. Cuando en este preciso instante no distingo el roce entre el lápiz y el papel. Si realmente escribo o simplemente te estoy murmurando.

 

Ahora quiero escapar, acabo de escuchar cómo decías entre dormida, angustiada, “me muero”. Quizá sea yo quién está durmiendo y vos estés sufriendo, más allá. Necesito despertar para ayudarte. Necesito despertar.

 

Siento el frío que se escurre por la ventana del cuarto, que ahora es diferente a cuando nos acostamos.

 

Es tan parecido al “otro” lugar.

Me cuesta admitirlo. Otra vez en tres años no lo he podido lograr. Aunque estuve tan cerca de rozar tu cabello, al menos sé que se movía con la fuerza de mi respiración ¿O era el viento? No, era mi respiración.

Es verdad que nos abrazamos, es verdad que hace frío y es fuerte el viento. Aunque en este paisaje se ha convertido en una tormenta.

 

Digo que es verdad, porque de verdad quiero que lo sea.

Aunque sé que hay otra alternativa. “Sólo porque te sienta no significa que estés acá”.

 

Así es cómo tu cabello ya no es movido por el viento, sino que flota como sumergido en el agua, ondulándose. Y se desgarra haciendo de la escena una pesadilla. No puedo gritar, sólo ver cómo se deshoja tu piel, al igual que aquel otoño de hace tres años. Estiro mi mano pero no logro alcanzarte, la abro y la cierro, sin llegar. La luz se hace imperfecta y mis pupilas se comienzan a dilatar. El iris se vuelve rojo, como la sangre en las películas.  ¡Oh Dios! Cuan más irreal se vuelve esto, menos creo en vos.

 

…Como en la mayoría de mis sueños…

Lo que más me duele, es que sé que hoy, como en otras pesadillas, sé que no voy a despertar a tu lado.

 

Y si te abrazo en sueños es para sentir que estoy ahí. No hablo de lugares secretos, ni de espacios en corazones rojos como el carmín. Hablo de la sensación, que para mí ya es realidad, es el momento. Por eso me cuesta creer en la libertad. Nunca llego ser parte.

No puedo dejar de soñar las mismas cosas, ni contemplarte cuando escribo, mientras que en mis sueños, duermes a mi lado.

Ya me pesan los ojos. Sé que es una señal, sentirme cansado significa que estoy por despertar, mientras siento cómo nos cubren las sombras del lugar.

Ya me ensordecí por lluvia, cada vez sonando más fuerte desde el “otro” lugar. No puedo determinar cuál es el sueño o la realidad, no es una de mis habilidades, ja. Lamentablemente no puedo evitar imaginar. Lo imagino porque anoche nos quedamos hasta muy tarde, desnudos, leyendo. Leyéndonos. Oh Dios, sólo necesito, esas caricias de inmortalidad.

 

Así asciendes como Remedios, y todo el cuadro se vuelve negro. Sólo escucho el grito de la lluvia, llamándome.

¿Este es realmente mi cuarto? ¿Acaso es este el “otro” lugar?

Eventualmente, a estas horas de la madrugada, cuando todos duermen y sólo Yo estoy despierto, nada es realidad.

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Se traen ranas de vientres abiertos entre manos. Un bisturí viola lo mágico y ya los secretos se hacen bocetos de nuestros dibujos. El espacio ciego se complota sobre nosotros y los dilemas. Hay una jauría de libélulas aquí a mí alrededor, y sabemos bien qué significa eso. “Ojalá sigas mordiendo mi cuello sin dudar ni un segundo, que el sabor de la sangre colme el espacio de tus glándulas y que tu aroma sea mi respiro.”

Traen esas ranas y se vienen por angostos pasillos, allí donde el papel está deshecho producto de un incendio de hace no más de un mes. Se traen fuegos entre manos y nos miran. Aun hay cenizas que son devoradas por el aire de la mañana, tengo una corazonada, me reconozco asesinándome en una escena que nunca termina, y giro y giro sobre ejes de luces y dientes de neón. El tejado se queja de humedad y el termostato estalla en un grito seco, y es lo mejor que me ha podido pasar en mucho tiempo. En la ducha hay miles de arañas aunque no me parece para nada críptico, el rocío las hace deslizar y sus miles de ojos me siguen hasta que desaparecen por los agujeros, allí entre la espuma. El agua me va secando a medida que se escurre por mi piel y en esa espiral inoportuna me pongo paranoico y algo esquizofrénico. Mi ello actúa por mí, y es cuando me veo con toda tu sangre y eso que llevas dentro, entre mis manos. No me asusta para nada y a veces pienso, cuando recuerdo, que hay una sonrisa en mi quijada. Realmente no sé estructurar los tiempos existenciales, al mañana no pasa, el ayer no avisa, el ahora no espera. Vos tan inoportuna y yo tan fuera del tiempo. El espacio y sus galaxias, los paralelos y las dimensiones, han complotado, se han tomado la molestia, así, de sacarnos de aquí. De una vez por todas, atravesando los canales secretos que sólo conocen mis arañas imaginarias y mi otro yo, nunca fui tan parecido a un boceto de nuestros dibujos. Allí, con tus partes y las mías en los brazos, y la sangre, inundando, como embriones, como…La sala se llena de ese aroma, que es nuestro último aliento en este lugar…

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Vos estas sentada en la sala…el reloj marca las 7 y la manecilla más corta se deshace en una nube de polvo. Un grito desde la ventana irrumpe la escena y nos exalta, a los dos…
Tu cara sumergida en el terror, en el crepúsculo del rincón…en la pared y entre los candelabros victorianos, agitándose…
No hay nada de luz y las pupilas se dilatan, dos agujeros negros que succionan todos los cuadros y sus pinturas…

 

Puedo sentir tu respiración como una orquesta, como un crescendo de oboes en mis orejas y un platillo junto a los ladridos desde el jardín…Tu voz sale como un quejido angelical, mientras que tus manos transpiradas aprietan los brazos del sofá-cama. Tus dedos azules como el granizo en Oceanía, como esos lobos marinos que se engañan con los colores del cielo y del mar…Las uñas esmaltadas en un rojo sangre, como las garras de un carnívoro ancestro de los tigres, sugieren el veneno de los dioses, la lejía intoxicando cada glóbulo rojo y corroyendo mi ADN que se hace indescifrable.

Has dejado pistas por el pasillo, sé que son para mí…Las cenizas de tu cigarro me guían a tu encuentro, sigo el aroma del humo que se mezcla con la vainilla de las paredes. Un camino de pistas para mí. Cada azulejo es una parte de esta sentimentalidad, la sensación de que no deberíamos estar aquí, y que vos realmente me esperás para partir. En la noche que se adueñó del cuarto, te abrazo y nos hacemos una enredadera, un nudo de esos que tardan años en desatarse. El tiempo no existe, sólo nos envuelve esa nube que solía llamarse tiempo, y los gritos, y los golpes, y las caras del terror del otro lado del cristal ya no nos importan. ¿Dónde empiezan mis ojos, y dónde terminan los tuyos? ¿Es mía, o tuya esta respiración?

De nuestra sangre beberán aquellos que maldicen desde el Olimpo.
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Hay un tajo que se hunde en mi vientre, por el lateral deshace mi costilla como si fuese tiza, y escribe con ella haciendo chillar el suelo…Babea y escupe, no hace nada más, se sonroja cuando la veo comer y me tapa la vista con sus escuálidas extremidades, con sus dedos de anfibio. Ella sostiene mi mano y la carne cae estirándose como una mucosa bordó, dejando expuesto un pulgar de sólo calcio, yo sólo quiero satisfacerla. La piel cuelga del tendedero, y ella no para de golpear, el ardido rojo resplandece esta mañana, que trae al sol, o a las moscas, es lo mismo. Hay un espantoso hedor en su cabello, que en cada caricia se cae y eso me excita, mis labios se hinchan y tiñen con la sangre, que ya no sé si es mía. Me busco en la retina, o en los párpados rojos y sueltos, en el arco iris de mi estómago que termina en las vísceras revueltas. Los sentidos caen con la poca carne y consistencia que me quedan, con las venas y órganos vitales, con mi vejez y con mi lengua. Sin embargo no dejo de ser, y eso hace que me odie…Ahora desde las partes colgadas, y la gotera de sangre, no veo cómo podré satisfacerla.

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En las heridas del valle

Desearía encontrarte entre las luces

que desde el manantial dicen mi nombre
Sé que después se nublará,
mis ojos o el cielo,
da igual.

Y el silencio de los árboles,

y el espanto de la humanidad,
nos encontrarán sumergidos

hasta las rodillas.

Y las flores murmurarán,

y los grillos  ensordecerán
la mañana.

En el valle habrá una herida abierta,

anunciando el fin de nuestro ensueño.
Sólo el rocío de tu encanto

-sólo en la madrugada-,
me sostendrá en un eco eterno,
que se cansará de este mundo

y será el viento que ya no querrá
avivar el fuego,
ni ser cómplice de las luces

-de tu sistema solar-,
que desde el agua,

en las heridas del valle,

llamándome está.

Hoy, como la tormenta
y mañana,
paz entre la neblina

…mañana…

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Hay una caricia de sol

-De toda una galaxia-

Que se eleva al infinito para alcanzarte

 

En un nirvana
Flota y juguetea con las aves
puede ser que no las entienda
-eso no es lo importante-

La vida se retrae acorazada
sobre su vientre
que tambalea al borde de nuestra cama

En tu ombligo hay flores,
pétalos y ensueños

Que son imposibles de imaginar


Mi tacto se perdió

Cuando quise llegar a Venus
tomándome de tu órbita

Allí hay estrellas que mueren
Y hace años que nadie las llora
porque tienen nombres complicados

-en realidad nadie las entiende-

Hay caminos secretos también
de piedras y cascadas
túneles invisibles en el vacío
desde la inmensidad
a la nada subyacente e imperfecta

Allí se pierden algunos de los satélites

Que un día

Mandé a buscarte
y volveré a hacerlo indefinidamente
sin resignarme
Hasta que la luz decida extinguirse
antes del último amanecer

 

Fuego

 

Las cenizas y el paisaje lúgubre

La culpa ardiendo entre mis manos

Fuego, estepa naranja

Horizontes de cabellos a la par del viento

 

Sonidos agudos

Dagas de cristal

Escapan de los cuadros,

De los marcos

 

Pinceladas que son llamas

Pigmentos con aroma a sangre

Un nogal verdeazul, triste

Como los ojos que mienten

 

En la mofa de la paranoia

Los labios húmedos de anís

Xerófilo de alma, resquebrajada

Y escamas del corazón

Que caen

 

Yace mi desnudo secreto

Detrás de vidrios

Que desean estallar

 

Cuadros hechos fuego

Un paisaje en el lienzo

Deshaciendo su textura

 

En el firmamento

Sus cabellos, que caen

Un destello del sol

Detrás del árbol que se esconde

 

Y la pincelada

De sus ojos,

Antes de que arda en llamas

Este lugar

 


Inocencia

Del abedul se balancea

Entre lo plateado y el óxido,

El metal corroído, gritando

¿Me llamás?

 

Las flores que

Ya no son flores

Colores ocres, pétalos grises

Espinas que siquiera siento

Al rozarlas

Para despertar

 

Ondas desplegándose

En el centro, sugiriendo

Ahogarme entre tus dedos

Caricias de inmortalidad

 

Se mece buscando

Mi mirada, buscándola

Envuelto en la frescura

De sus palabras, oírla cantar

Susurros opacados, seductores

Deseos que me alejan, que me llevan

A callar la verdad

 

Ondas desplegándose

En el centro, sugiriendo

Ahogarme entre tus dedos

-…Caricias de inmortalidad…-


Desvanecer

 

Miradas taciturnas

Y el silencio casi espectral

El reloj se derrite, es cera

Quema, es miedo, es todo

 

Sábanas revueltas exponen

a la piel desnuda

Como este cielo, vacío

Como las piezas que faltan

Hay pétalos amarillos y suaves

Como los labios vírgenes

 

Susurros de olvido

y destellos de la persiana

Ondas sobre la cama, como ríos

Resplandores que se hunden

En sombras espectrales

Y hay un espacio en tu lugar

 

El espejo está roto

Y el iris allí adentro

Grita la verborrea, las imágenes

El choque de labios explotando

El polvo acumulado y seco

De nuestra ternura

 

El espejo roto

y el rostro petrificado

Tu aroma impregnado

en la hermosa seda

 

Los inviernos de hace años

Ya no es luz ni sombra

Siquiera es crepúsculo

Es asfixia

 

Ya no es miedo

Es ese manto negro

y la bóveda estrellada

que ha dejado de brillar

Y ahora hay un espacio vacío

En mi lugar

 

Frío

¿Adónde iré esta vez?

Desde el marco de tus ojos

Hasta las gotas q bordean tus labios

Como espinas custodiando

Primaveras que no cesarán

 

Hace frío, y sigo con vos

Me es difícil morder el labio

Que sangró

 

Duele, el filo a veces lastima

Me es difícil seguir varado

En tu amor

 

¡¿Adónde irás esta vez?!

Grandes charcos en la calle

Siluetas en el asfalto tiemblan

Pasos acelerados escapando

En el reflejo, gritando

 

Y tengo eso, muy dentro

Que nos mata

Tengo nubes

Y tengo un rayo

Este anochecer

 

Desde el marco de tus ojos

Y la suavidad cerca de tu cien

Hay gotas que caen

Cuando beso tus labios

Rojas se disuelven en el mar

 

Inspiraciones

Busco la razón en este espacio,

En el interludio entre el lápiz y el papel

Ese sainete fugaz que congela el tiempo

 

Resplandor en su camisón de flores

Trazando su silueta en el cielo

Quizá son nubes, si creo que lo son

 

Ella me pregunta en voz alta

“¿Cómo te sientes hoy?”

Detrás de la bóveda se asoma un ocaso

Y con suavidad acaricia mis hombros

 

“Somos nuestros salvadores,

mientras las estrellas se hacen luz,

entre nosotros”

 

Ella, los años, su sonrisa, la belleza

Quizá sea el Sol, si creo que lo es

La vela está casi acabada y ya no hay luz

El lápiz en mi mano se quiebra,

y las hojas se hacen fuego, junto a la cera

 

El coro repite en mi cabeza

“¿Cómo te sientes?”

Dedicaré este tiempo a tu memoria

Hasta que seamos luz, en las estrellas

 

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