Los fantasmas de los amigos

  

No puedo caminar por las veredas

De mi pueblo natal

Sin encontrarme, en cada esquina,

Con los fantasmas de mis amigos muertos.

Sentado en un café veo pasar los cuerpos,

Los rostros conocidos

Que ya no son de este mundo.

¿Para qué siguen viviendo aquí,

en este pueblo condenado?

Ellos que pueden,

¿por qué no se van a Nueva York,

a Berlín, a Londres,

o a las inquietantes costas de Portugal?

 

Hamlet

Sentado al borde del castillo-fosa

Hamlet desgrana

La calavera oxidada de un bufón.

-¿Besé tu boca?

-¿Cómo pude? –se pregunta

el príncipe farsante o enajenado.

-¿Cómo pude besar a la muerte?

Cuervos de nubes negras se ciernen

Sobre los minaretes de Elsinore,

Gertrudis gime en su alcoba

De lujuria o de culpa –a veces el mismo pecado.

Hamlet tritura la calavera

Cubre su rostro de polvillo blanco

Cierra los ojos

Y sueña el fantasma de un padre

Que siempre estuvo muerto.

(Sale al escenario).

 

En casa de Miriam

Hablamos de teatro.

Seguros del salvar al mundo,

Y en la calle retuerce el verano de tierra y naranja amarga.

Hablamos y ella enhebra mostacillas

Enhebra un texto laborioso

Y afuera se persiguen los perros del espanto.

Mientras llueve en la noche

Y estamos salvando al mundo

Y un látigo de strass y terciopelo

Ahuyenta el imposible agujero de la nada

Donde se precipitan,

Uno a uno,

Los mediocres telones de la duda,

Las tramoyas inciertas

Los vetustos escenarios del pasado.

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