Me dijo que a los nueve años había empezado su formación corporal y que aborrecía la danza clásica. Se había recibido de profesora de expresión corporal, pero no de danza clásica y moderna. Había empezado la carrera de filosofía en la universidad de buenos aires, pero tampoco la había terminado. Sin embargo continuó estudiando con otros maestros. En la inquietud de la danza por lo contemporáneo encontró algunas cosas que la acercaron al Butoh. Abrió canales perceptivos hacia sus genuinos movimientos corporales.  En una clase de historia de la danza, ve por primera vez Butoh. La situación de humor y desapego le parecen interesantes. La falta de autocompasión se contrapone al exceso de subjetividades en la danza que ella venía haciendo. En su pequeña historia de bailarina había una clara influencia de la expresión corporal. Luego viaja a Francia y bebe de las fuentes mismas del Butoh.

Ella me dice: Los cuerpos descarnados; cuerpos que exponían la humanidad en un sentido donde la fragilidad, la descripción, la fuerza de lo absurdo, aparecía todo junto. Le encantó el aspecto filosófico y la estética. Su última coreografía ya estaba enterando en ese lenguaje. Un lenguaje donde el rostro y el cuerpo son extremos, y donde hay mucha descarnadura de los sentimientos, y el sentimiento en sí mismo no es tan importante como el devenir; como el aspecto formal de un devenir, y el humor, y la falta de autocompasión respecto de sí mismo. Cuando encontré a mi maestra, la primera clase, dije: Esto es lo que quiero hacer. Es lo que quiero para mi vida.
 
¿Desde la filosofía, hay nombres  que te acompañaron en la búsqueda corporal?

Rhea: Si completamente. De hecho estoy dando clases en la universidad. En la plata por ejemplo estoy en una cátedra donde me invitaron porque sabían que me gustaba la filosofía. Se llama danza Butoh, un puente entre oriente y occidente, pero lo que yo hago es tomar ciertos aspectos de lo filosófico oriental o del Butoh, con filósofos occidentales. La base que yo encontré como lenguaje, incluso para trasmitir el Butoh, es de un filósofo que se llama Gilles Deleuze, es un filósofo que en este momento lo toman muchísimo los directores de teatro, no es casual, que yo también lo haya tomado. Esto es un movimiento del siglo veintiuno, que tiene que ver con la filosofía del devenir. Y el Butoh es una danza del devenir, es una danza de la transformación, así que todo lo que tenga que ver con él es bueno para el Butoh. De Deleuze salté a Espinosa, porque me interesó lo que hablaba de él, y otro filosofó que me gusta mucho es Andrè Bergson, un francés que trabaja todo el tema de la duración, y la visión del tiempo que tiene Bergson es perfecta para el Butoh también. Como pensamiento oriental a mi me gusta mucho Suzuki, Daitzo Suzuky, que es un maestro zen, que relacionó mucho el zen con el arte. Es un hombre del siglo veinte que vivió en estados unidos y hay otro maestro importante.  Es Desimaru, que vivió en Francia, ellos fueron los que llevaron el zen a occidente.(1)

Ese tipo de Budismo a mi me interesa mucho y Deleuze es un gran teórico.

1(Disculpas por los nombres de los maestros orientales, escritos como me sonaron, por no encontrarlos en otra fuente)

¿Cómo son las clases en la universidad?

Rhea: Si, son clases prácticas, y vos justo me preguntaste por lo filosófico, y bueno te topaste con una bailarina que justo le gusta la filosofía, me interesa mucho la poesía también, para mi son como mis base de trabajo, antes del Butoh incluso. Son pilares.

Entre los nombres Antonin Artaud, es un padre para el Butoh mismo. Cuando nace el Butoh, el creador del Butoh es datzumi shishikata, recibe la invasión sociocultural y económica después de la guerra, y esta invasión es la que abre las puertas al Butoh, ayuda mucho, de hecho las primeras obras de esta danza se basan en literatura de Jean Genet, en la obra nuestra señora de las flores. Después el conde de Loutremont, y Artaud también. Yo trabajo mucho con un concepto que es cuerpo sin órganos que acuña Artaud y que Gilles Deleuze lo trabaja muchísimo. También me es muy próximo Samuel Becket, y bueno ahora estoy trabajando a Shakespeare. Todo de alguna manera me nutre, la pintura también, Francis Bacon es un pintor que me gusta mucho, su manera de pintar es muy próxima también a la danza Butoh.

¿Cómo convivís con este tipo de danza, y su filosofía por estas latitudes?

La línea que yo seguí tiene muchos aspectos formales, la línea del otro maestro tiene que ver más con la improvisación. Yo caí en manos de la primera discípula de hisikata, ahí tuve mucha suerte por que la relación era muy directa. En mi historia personal que venía de la expresión corporal más tendiente a la improvisación, me vino muy bien por que yo necesitaba estructuras. Esta danza me limpió los movimientos, ya realmente estaba muy cansada de mi producción, y de lo que había aprendido. Ahora lo que yo a veces digo es que el Butoh es un hijo de oriente y occidente, de ambos mundos. Y como decía un bailarín muy conocido: el Butoh va a ser un virus que se va a expandir por todo el mundo; y si ya llego a la Argentina era verdad, ya está en Mendoza, ya llegó.

En este sentido Latinoamérica está más cercana a la cultura japonesa, me refiero en cuanto a los pueblos originarios, de lo que es la tierra, de lo que está por debajo, mucho más que nuestro ser occidental Argentino. Yo recuerdo que a una bailarina de Butoh en un festival en Brasilia, ella terminó de bailar y le preguntaron que como veía ella el recibimiento de una danza oriental aquí en occidente, y ella se quedó mirando, y dijo: ah esto es occidente, aquí hay danza occidental. Y a mi me pareció muy justo lo que dijo, porque Argentina, quizás un poco más que Brasil, tiene evidentemente, como dice Borges, un origen en los barcos. Hay mucha cultura mezclada. Yo a mi familia la tengo a trece mil kilómetros, no tengo ancestros aborígenes, pero yo me siento argentina, me siento de acá.

Y todo lo que es la cultura aborigen me interesa mucho, y el Butoh es muy cercano a eso. No es en ese sentido una cultura del ser, es una cultura del estar, y los pueblo originarios de América latina son pueblos del estar, no del ser. El deber ser es un invento europeo. Así que todo lo que es devenir y transformación en el Butoh es tremendamente cercano a lo que acá está corriendo por debajo, lo que está murmurando por debajo, y por eso creo que esta danza ha pegado tanto en la Argentina.

Incluso yo he hecho una obra basada en un mito Wichi, por que lo hemos llevado al congreso de las lenguas, y tuvimos el honor de que los pueblos originarios la vean. Vean como uno interpreta lo que ellos hacen, y no, como ocurre siempre, que se la pasan viendo lo que deben hacer de nosotros. Y la reacción fue fantástica e inesperada, porque se reían y les pasaban cosas que nunca le pasan al público occidental. Y para mi la risa es muy buena, nosotros hacíamos una enorme matanza y ellos se reían a carcajadas. Y ellos entendían cosas que tal vez nosotras recién estábamos entendiendo, porque la muerte y la vida tiene una cercanía que occidente la oculta pero no los pueblos originarios. Entonces hubo una comprensión muy grande de otras cosas, fue muy emocionante. Es una de mis experiencias inolvidables. Esto ocurrió en Rosario en el contra congreso de las lenguas, por oposición al congreso de la lengua española.

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