Susana Nicolalde es la directora del grupo la Mandrágora teatro. Empezó en el año 82 en la universidad católica de Guayaquil estudiando psicología clínica, su formación en el teatro ha sido más bien desde una disciplina personal, con maestros que han llegado al ecuador entre las décadas de los ochenta a los noventa, ya que en su país no habían escuelas oficiales de teatro, tenían una sola que funcionaba en Quito. Paralelamente en la universidad de Guayaquil estudió con el grupo de teatro El Taller, que en ese momento lo dirigía Ernesto Suárez. En el año ochenta y cuatro fundan un grupo con los compañeros a nivel profesional que se llamaba el gesto que todavía funciona y trabaja en Guayaquil. En los años noventa viaja a Quito y comienza a trabajar con el grupo Mala Yerba hasta el noventa y cinco, como actriz, en las obras Luces de Bohemia y Jardín de Pulpos, de Arístides Vargas. En el noventa y siete nace su proyecto como creadora independiente con el grupo La Mandrágora. El teatro ganó todas las batallas y sus estudios de psicología clínica quedaron relegados por el teatro.

¿Qué cosas provocan en vos la necesidad de hacer una experiencia propia?

Susana: En ese camino de búsqueda, por que el teatro es un camino de búsqueda como maestros tangibles que los puedo tocar y abrazar están Wilson Pico que es un coreógrafo muy conocido en mi país, y también a nivel internacional, que dirigió mi primer trabajo como Mandrágora que es un monólogo que habla de la tolerancia, llamado retrato abierto, y es ahí donde yo arranco con todo. Con esa necesidad de poder empezar a asentar un camino, y empiezo a escribir y comienzo también un camino desde la dramaturgia.

Mirella Carbone, es una bailarina que también tomo como maestra. Ella es bailarina y coreógrafa del Perú, y estos son los dos referentes grandes que yo tengo en mi formación, para el trabajo de la danza y el cuerpo. Es por eso que el grupo explora el territorio del teatro danza. Otros referentes son Eduardo Galeano, en lo humano y en los cuestionamientos, lo leo mucho, me encanta. Marguerite Yourcenar, Arístides Vargas también, García Lorca y seguro que alguno se me salta a la memoria.

La Mandrágora es una escuela que busca formar a sus alumnos en una búsqueda que pueda perseverar en su evolución. En su primer y segundo nivel sólo tiene un entrenamiento físico. Todo lo que tiene que ver con el entrenamiento básico del actor. Canales expresivos canalizados obviamente hacia la creación. En el tercer y cuarto nivel comienzan a trabajar específicamente, lo que son técnicas específicas de actuación. Abordan la búsqueda desde lo actoral. En el quinto y sexto nivel trabajan directamente puesta en escena. Cada nivel dura aproximadamente seis meses, y el cursado de toda la escuela tres años.

¿Qué otras posibilidades hay en Ecuador, para estudiar teatro?

Susana: Mira. Hay varias escuelas experimentales, hay una sola oficial. Que es la escuela de teatro de la facultad de artes de la universidad central del Ecuador, que queda en Quito. Es la única en todo el país oficial que te dan el título y te recibís de licenciado. Pero hay escuelas y talleres; el grupo Mala Yerba, Contra el viento teatro, en Guayaquil hay en las universidades como especialidades pero no como carrera.

El grupo de Susana se mantiene de forma independiente, pero tienen la expectativa que el ministerio de cultura, comiencen a dar nuevas esperanzas a la cultura en general, con el gobierno actual. El problema editorial es complejo y se parece mucho a todos los problemas que tenemos en general en Latinoamérica. Ella todavía no puede publicar sus textos, por ejemplo.

La impresión de Susana respecto del festival, es la mejor. Piensa que este tipo de cosas no se deben dejar de hacer nunca. Pero entiende y respeta la decisión del grupo de suspender las próximas ediciones del festival. Pero igual espera que no sea el último.

 

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