Contame con tus palabras acerca de lo que para vos es el teatro experimental

Para mí el teatro experimental es un espacio en donde el cuerpo se puede mover y jugar de una manera que pareciera bastante libre, no lo es del todo porque el director da ciertas consignas y además ejercicios que apuntan a liberar las representaciones que generalmente se tiene de los cuerpos, o de cómo representar un texto. En el teatro experimental hay ejercicios para romper eso. Cuando en mi experiencia Daniel Fermani, mi maestro, proponía hacer un ejercicio, lo proponía de manera tal que decía: “Hacelo” y en ese sentido, el teatro experimental busca romper los estereotipos de los cuerpos o como se dice a veces los “cuerpos sociales”, los cuerpos de todos los días, los ya conocidos. Apunta a la dimensión de algo nuevo, de un cuerpo nuevo, de un personaje nuevo. Creo que tiene esa ética también, tratar de crear un arte que no sea psicológico. Me acordé de Artaud que dice psicológico (risas).

¿Has atravesado alguna otra experiencia artística aparte del teatro experimental?

Con el compromiso que requiere un arte solo la escritura.

Si pudieras comparar de alguna manera lo que te producen estas artes diferentes, el teatro por un lado, y por el otro la escritura. ¿Podrías pensar en algo que los diferencie, si es que es posible?

Está buena la pregunta, porque a mí se me ha mezclado mucho. Hubo un tiempo que escribía cosas, tal vez tenga que ver con que una vez hice un taller de escritura con Daniel, y ya había empezado con Epojé al mismo tiempo. Las cosas que escribía de alguna manera hablaban del cuerpo que yo había hecho todo deformado en la experiencia del teatro, y ahí se me asemejaron un poco, pero tienen diferencias claras. En el teatro uno pone el cuerpo pero no de la misma manera que cuando uno escribe que solo mueve la mano y el lápiz, si bien también se escriben cuestiones que tienen que ver con el cuerpo, este no está en un movimiento real podríamos decir. En el teatro, hay escritura porque el cuerpo está escrito, como podemos decir junto a Lacan, pero en el teatro se intenta romper con esa escritura, con esa cuestión del registro simbólico del cuerpo, del cuerpo social. En el teatro experimental se rompe y en la escritura quizás a pesar de que se puede lograr, no es tan real, pero por la cuestión de que en teatro el cuerpo se mueve y en la escritura el movimiento es más imaginario, esa es la diferencia, un poco obvia igual

Ya que hiciste mención al hecho de poner el cuerpo ¿qué te pasa en el cuerpo? ¿Qué vivís con tu cuerpo?

Desaparece, siento que me pierdo. Si tengo que ponerle palabras me pierdo, desaparezco y dejo que eso se mueva. Esto no se da en todos los ensayos, porque lo que yo considero como esos momentos más sublimes que son cuando uno se pierde y se libera de lo que es la realidad, no siempre sucede. Digamos que se deja que el cuerpo encuentre “un” movimiento, lo cual requiere de mucho tiempo y es todo un proceso, no es una cuestión del momento.

Para llegar a esa sensación o dimensión sublime de la que hablás, ¿qué es lo que se necesita, cómo se vive el proceso para entrar en el clímax, en ese momento de inspiración, trance o como lo quieras llamar?

Es un camino que se acompaña desde los ejercicios y permiten ir liberándose de aquello que mantiene el cuerpo en una forma. Requiere tiempo, se pone el cuerpo hasta que algo en ese cuerpo empieza a aparecer, una nueva forma, un personaje, que puede estar en relación al grupo, a lo que proponga el director, a las influencias mismas del texto. Porque a pesar de que no se trata de psicologizar o de pensar el texto, de todas maneras se está aprendiendo, sigue siendo la estructura del texto algo que se dice a pesar de que no se lo piense. El camino es eso ir entregándose de a poco.

En ese estado del que hablamos ¿qué sentís en el cuerpo? En relación a las emociones, a las sensaciones….

Sí…la experiencia en el cuerpo. Bueno, difícil la pregunta, porque ya sabemos que la experiencia en el cuerpo es intrasmisible y por eso es difícil de responder, pero las palabras que me vienen son, por ejemplo: “morir”. Es un poco lo que dice Daniel cuando habla de Narciso,  tiene que morir la imagen del espejo, eso que uno es y en esa ruta de estructuración se requiere un tiempo porque estamos estructurados. La experiencia es esa y en realidad no tendría que idealizarla tanto,  decir de “éxtasis” o “sublime” porque digamos que la mente sigue estando, pero son instancias en donde creo que siento liberación.

Esos momentos son fugaces ¿hay a veces sensaciones más fuertes que en otras instancias?

Claro, va cambiando. El estado más sublime que he vivido se dió en mi experiencia con “La máquina-Hamlet”, al final digamos, casi un mes antes de estrenar la obra. Ahí todo lo que hicimos durante el año explotó y apareció una especie de personaje en donde yo me sentí realmente invadido, en mi vida también, inclusive momentos en que estaba en mi casa y el personaje aparecía y yo me movía y experimentaba en ese mismo momento, cosa que antes no había hecho de esa forma.

Cuándo este personaje aparecía ¿Qué te provocaba, te sorprendías, te asustabas…?

Fue un goce muy interesante, es decir no es una cuestión que me sentía invadido y decía “uy que hay dentro mío”, en algún punto me gustaba.

¿Lo sentías como algo exterior puesto en vos o al contrario vos puesto en ese personaje?

Al principio era un poco ajeno, pero después al resignificar eso que aparece ahí, no es tan ajeno porque está en relación a un montón de cosas de uno mismo. Cuando la gente me dijo lo que veía en eso que no tenía una forma estricta también me sirvió  porque esas palabras del otro hablaban de algo de mí.

¿Cómo es ese personaje? 

Y…es como la mezcla de un zombie y un enfermo mental. Los zombies para mi están muy presentes, porque los tomo en relación a la época de ahora, con las series y me parece que no es casual que todos nos hayamos acercado a eso. Hay una cuestión epocal ahí, de la época en el cuerpo y de cómo esta se mete en el cuerpo, a pesar de estar rompiendo muchas cosas, termina acercándose a algo que quizás también puede ser del orden de lo psicológico.

¿Vos dirías que uno usa sus recursos cotidianos, o las cosas son totalmente nuevas y ajenas? 

Son cosas totalmente nuevas y ajenas, no son del orden de lo cotidiano, pero puede pasar que eso ajeno se meta en lo cotidiano, efecto mismo del trabajo en donde uno está poniendo el cuerpo y por eso mismo los efectos son imparables. No es algo que se pueda controlar cuando uno está un año ensayando. Es buena la palabra  “ajeno”, porque es la presencia de otra cosa que se ha ido creando de a poco y que surge, que está ahí.

¿Crees que puede pensarse como algo de uno y a la misma vez ajeno a uno?

Sí, yo me manejo mucho con el psicoanálisis y creo que tiene que ver con esto, con el campo del Otro en uno… el inconsciente es el discurso del Otro creo que dice lacan en un momento, entonces ya desde ahí mismo podemos decir que lo que está ahí reprimido, por decirlo rápido, tiene cierta posibilidad de manifestarse y tomar forma con el teatro experimental.

Ya que mencionaste el tema del otro, ¿qué sucede con esos otros, otros compañeros y cuerpos con los que hacés teatro? 

No hay posibilidad de que no haya efecto de esos compañeros sobre uno. En algún momento yo decía “uy estoy haciéndolo como Agustín” o “uy estoy haciéndolo como Berni”. Sentía que hacía las voces como mis compañeros porque en un ensayo uno, no sé si va empatizando, pero van entrando las cosas de los compañeros, en la manera de decir el texto, en la estética, por más que cada uno vaya haciendo su personaje, hay una retroalimentación de los sonidos y de lo que se va sintiendo que hace el compañero.

Esta retroalimentación ¿te empuja a homogeneizar y a equiparar las diferencias o todo lo contrario a la búsqueda de algo más auténtico tuyo?

Es una línea muy fina, pero evidentemente va en búsqueda de algo totalmente propio. No busca la homogeneidad, porque aunque a pesar de que estéticamente cuando uno presenta la obra se puede encontrar alguna ficticia unidad, nosotros nos damos cuenta de que Julian es Julian y  Rocío es Rocío. Cada uno fue haciendo su propio loco. La consigna fue un poco hacer de loco en esa obra y ahí hay una necesaria influencia del director. Pero uno sabe que cuando uno dice loco hay millones de locos en el mundo y entonces, en ese sentido, es el loco de cada uno y el hecho de hacer de loco es lo que homogeneizaba pero, siempre teniendo en cuenta que cada uno hacía su propio loco o loca.

Entonces no es un loco específico y objetivable en la realidad 

No no, es una creación nueva. Desde las bases ya el teatro experimental no es imitativo, no imita la realidad.

Y ¿Cómo no imitar la realidad? ¿Ha habido en tu trayecto un momento en el que digas que lo has logrado, un click, un momento puntual o especial? 

Sí. Uno va encontrando eso que es de uno, quizá viene de lo reprimido como dijimos recién. Va apareciendo, se lo va trabajando y requiere mucho tiempo. Sobre todo fue en ese momento antes de estrenar la obra que te comenté recién. Ahí salió ese click. Trabajamos con muchos ejercicios para desestructurar al cuerpo, en donde hacíamos las cosas sin pensar el texto, sin interpretarlo, y sin darnos cuenta fue apareciendo ese loco.

¿Sentiste que luchaste contra alguna resistencia en algún momento?

Si obvio

Y esas resistencias…. ¿con que tenían que ver? 

Con eso que nos sostiene todos los días en la vida. El yo puede ser un concepto fácil en el que uno puede pensar todo lo que es el yo, bueno, uno rompe con eso, con el yo de todos los días.

¿Es decir, con tu persona, con tu pensamiento, sentimientos?

Claro y con las resistencias mismas que son de uno. Al preguntar “¿Cómo lo tengo que hacer?” o “¡Dani, decime como lo hago!”, ahí algo se resiste. A veces Daniel dice y a veces no, porque el teatro experimental es romper con lo psicológico. Artaud lo plantea así, en torno a lo psicológico, romper con la psicología, con la interpretación del texto, con las representaciones de cómo debería hacerse. Eso es, en realidad lo que hacemos todos los días, actuar una realidad. Como cualquier persona que tiene una estructura, una modalidad de cómo hacer las cosas en el trabajo , en un deporte, en donde existe ese cómo, pero en el teatro experimental el cómo es lo que hay que romper, por eso tiene una cuestión ética en torno al arte muy fuerte, es una visión del arte. Y en la ebullición, es decir, lo que he sentido después de esa obra, me he dado cuenta que soy una especie de pichón en esto de lo que es lo experimental porque al ver a un actor con más años como Nicolás Perrone, uno se da cuenta cómo se llega a una estética propia, a la desconstrucción del cuerpo, a una voz, a un hacer.

¿Has sentido que has llegado, te has aproximado, sentís que has alcanzado una estética propia? 

Yo creo que en la “Máquina-Hamlet” sí.

Volviendo a lo más perceptivo ¿qué papel juegan tus emociones… alegrías, tristezas… en las dinámicas, ensayo, qué pasa con las emociones? 

Hay momentos en donde me conmueve. Pero me cuesta pensarlo desde las emociones porque a pesar de que sí, uno va a atravesando emociones, es decir, va pasando por la alegría, la tristeza, la angustia. Se van atravesando de manera tal que no se representan, solo suceden en su fluidez de aparición misma.

 

¿Las emociones las sentís tuyas, vienen de vos?

Absolutamente, y pueden tener que ver con el texto, pueden tener que ver con la estética de la obra, pueden tener que ver con el movimiento que estás haciendo, pueden tener que ver con lo que te esté pasando en la vida. Nadie sabe bien qué hay en los cuerpos y todo lo que puede estar sucediendo allí va a tener influencia. Conmueve porque rompe, conmueve porque uno se mueve y se mueve de una manera distinta. ¿Cómo hacer que un cuerpo que siempre se movió de la misma manera empiece a moverse como en toda una vida no se ha movido?

¿Atravesar por la experiencia de hacer teatro experimental le suma algo a tu vida? 

En mi caso muchísimo. Yo ya decidí que quiero hacer teatro experimental. Es algo que voy a seguir haciendo y lo pienso un poco desde el psicoanálisis: es como un sinthome en donde el cuerpo se anuda en una manera de gozar, que desde mi singularidad me sirve para acercarme a un hacer. Tiene una relación con mi vida muy profunda porque además me interesa mucho lo que es el arte en general y en el teatro experimental encuentro mucho de lo que no he encontrado en otras artes, porque no es sólo teatro, es como una filosofía, una búsqueda que implica también lo que es el espíritu, sin tener en cuenta al espíritu como una cuestión mística, sino al espíritu de la palabra misma, como el aura de lo que uno puede decir o escuchar y poner en movimiento. Todo eso que no se puede poner en otra instancia. Es bastante espiritual y creo que Grotowski habla de eso, no lo he leído bien aún, pero es como una búsqueda espiritual, sin por esto hablar de nada estrictamente metafísico.

En esta búsqueda ¿has sentido que te has acercado, que has tocado alguna verdad, un saber, has experimentado algo así como muy propio, algo interno? 

Me estoy acordando de nuevo de lo que dije de la “Máquina-Hamlet”, esto del zombie y del enfermo mental. Bueno yo me sentía un poco zombie en esa época a nivel palabras, esto de estar muerto en vida. Algo de eso me pasaba en esa época por distintas cuestiones, de algún modo se acompañó de todo ese proceso y derivó en ese cuerpo que parece tan loco y deforme, que yo lo veo ahora y me genera millones de cosas y me acuerdo de la exacta experiencia de ese personaje, está dentro mío. Creo que esa debe ser una de las mayores riquezas de un actor experimental, tener esos personajes que están dentro de uno y que se han inventado y que tiene mucho de sostén vital, creo yo, porque cuando uno ha generado un cuerpo, ha generado un recurso para la vida.

Podríamos pensar, si estás de acuerdo que hay un reconocimiento en eso interno que se descubre ¿qué pensás? ¿uno le da sentido o hay sinsentidos también?

En mi caso tiene un significado y un sentido que vino después. Por el hecho de que hago análisis, voy a una psicoanalista. Allí se habla de cuestiones “internas”. Por eso pude relacionar muchas cosas después, retroactivamente, de lo que fue ese personaje. No deviene de ningún lugar, por eso no somos libres, no es que uno termina haciendo algo parecido a un enfermo mental o a un zombie de la nada. No lo pensé, no dije “bueno voy a hacer un zombie”. Además esa es la palabra que uno le pone, y en ese sentido se le da una significación, se le puede poner palabras al cuerpo, se le puede dar un sentido, sabiendo que eso no va a colmar a ese cuerpo que se ha inventado pero de alguna forma se acerca al espíritu de eso que se generó, es decir, al espíritu pensado como el aura del significante. El significante no lo colma, entonces se puede llegar a decir mucho de eso y tener un valor para la vida. Puede acercar a la vida como en mi caso, a lo que es vivir digamos.

Abrazar la vida de alguna manera ¿podrías decir que el teatro experimental colabora en algún punto o le da un plus a tu salud mental, hay una vinculación a eso? 

Sí absolutamente ha ayudado a mi salud mental por el hecho de que es una práctica en la que encontré un saber hacer con el cuerpo. Digamos que me anuda tomando la forma en que se dice a veces desde el psicoanálisis.

¿Hay más ganancia en este quehacer que algo negativo o no hay nada desfavorable? 

Es favorable a condición de lo negativo en algún punto, porque digamos que acerca a la vida a condición de la muerte. Sí ayuda a mi salud mental. Uno tiene pulsiones de muerte, uno puede morir haciendo algo con el cuerpo o puede morir de otras maneras. Y la posibilidad del teatro, me da por lo menos a mí, esa instancia en donde trato de morir, aunque todavía no llego, y eso es un hacer con la pulsión de muerte también.

¿Y en relación al amor, a las pulsiones de vida….?

Nunca había pensado al amor en el teatro experimental pero me acabas de generar una pregunta (risas). Lo pensaré.

Vos mencionaste pulsiones de vida y de muerte

Si, quizás con el grupo. La relación con el grupo, con los otros compañeros, con los que uno se mete en esta cuestión artística, es preciso que haya cierto amor para que circulen esas cosas que no circulan en la vida cotidiana, por eso nos dimos cuenta que es necesaria la confianza, que es amor. Esto para que uno se pueda entregar sin sentir que el otro te va a mirar raro, o sin sentir que estás haciendo cualquier cosa. Poder entregarse gracias a la confianza del compañero, gracias a que hay cierto amor, sí.

¿Querés agregar algo? 

Después seguro me acordaré de algo (risas), pero me ha servido para pensar cosas, en esto de asociar y de responder un poco metonímicamente sin haber preparado las respuestas antes acabo de decir muchas cosas que no había dicho nunca. Esta bueno ponerle palabras a las cosas que nunca nadie te va a venir a preguntar. Nunca había tenido el espacio para decir qué onda el teatro experimental (risas).

¿Te resulta difícil contarle a otra persona qué es el teatro experimental? 

Sí, te digo sinceramente, pero solo en el sentido de que por ejemplo yo tampoco puedo comprender a un pintor porque no he pintado.

¿Crees que hay cosas que sólo se pueden vivir al hacerlas y/o que hay algo intrasmisible? 

Sí, hay un saber y hay una experiencia en el cuerpo, lo que uno siente en el momento en el que lo va haciendo  es intrasmisible. Es como explicarle a una persona porqué la amas tanto, podes decir cosas, pero la experiencia del cuerpo, en este caso del amor a alguien, no se puede decir, por eso se escribe tanto y quizás por eso hacemos teatro, porque no podemos decir lo que nos sucede cuando hacemos teatro, eso nos mueve.

¿El teatro nos permite decir cosas que no se pueden decir? 

Sí, creo que uno intenta por lo menos ir en búsqueda de algo nuevo. Nuevo no tan nuevo porque de algún lado viene como dijimos.

¿No perdés tu autenticidad, vos sos consciente de qué es tu cuerpo, que hay algo tuyo puesto ahí? 

Sí, quizá sea necesario el tiempo para resignificar un poco por qué uno se movió de tal manera.

¿Es terapéutico…?

Yo creo que en el sentido en que estás apuntando es terapéutico.

No en mi sentido…lo pregunto porque he escuchado en el grupo o en otro actor o actriz decir: “es terapéutico”

Claro, si te respondo desde mí, no diría jamás que es terapéutico, pero como dije, es una especie de sinthome, un hacer con la pulsión de muerte. Me estoy acordando que hace algunas sesiones de terapia, no hace mucho, plantee el teatro como una decisión de vida y justo ahí, hubo un corte de sesión, es decir, mi analista me cortó y yo lo interpreto como que ahí hay un hacer singular o bueno no sé si singular, pero que acerca a la vida. La palabra no es “terapéutico”, pero la podemos utilizar en este sentido. Uno pierde lo que está haciendo cuando está haciendo teatro y a partir de ahí ganas algo digamos.

¿Te favorece hacer teatro? ¿Notarias la diferencia si lo dejaras de hacer? 

Si, lo notaria mucho, porque justamente cuando uno se mueve ahí, se le está dando un alojamiento al cuerpo y si no estuviera ese alojamiento habría cierta liberación de lo que ahí hay que puede culminar en vaya a saber qué… conociéndome puede ser algo muy cercano a la muerte, así que es como un sinthome, anudar toda esa cuestión deforme, desarticulada, como el personaje, algo deforme desarticulado, sin cuerpo, absolutamente algo imaginario y yo me sentía bastante así en esa época, por lo menos yo me decía así, y en ese sentido tiene una ganancia pero es a costa de la perdida, acerca a la vida pero es a costa de la muerte.