22 de noviembre del 2015. Macricidio. A veces la gente puede ser muy pelotuda. La ruleta giró y nos marcó para el lado más idiota: el pueblo argentino, en su mayoría, decidió cavarse su propia tumba y encima con una sonrisa en la cara. Mendoza se sumó -con mucha fuerza- a esta ola idiotizante. En ese contexto hacemos teatro. Podríamos decir que el comportamiento del público teatral es lo que refleja de algún modo el comportamiento de la sociedad, sin embargo he podido comprobar que no es así, que hay lugares donde hay mayorías pelotudas y público muy bueno, o viceversa, salvo mendoza donde esta ley sí se aplica, pues aquí tenemos mayorías pelotutas y público mayoritariamente pelotudo.

imagenAl principio creí que la problemática era del mismo teatro occidental que no logró desarrollarse, hasta que empecé a hacer teatro de calle y más tarde música callejera, que es donde te conectás profundamente con la gente, y ahí pude corroborar que también el problema puede pasar por otros lados. Nunca he visto en sudamérica, en varios años que vengo recorriéndola, tal grado de denigración hacia los hacedores locales como el que hay en mendoza. He conocido lugares muy pobres (que no es el caso de mendoza), pero que a la hora de apoyar con la asistencia, con el aplauso y con la colaboración económica, le sacan cien cabezas al público mendocino, el mismo que sin embargo no duda en colmar estadios y pagar fortunas para ver pelotudeces ajenas, o que luego de gozar un buen espectáculo callejero se escapan de la gorra o buscan entre los billetes de 100 el de 2 pesos.

Desde ese momento empecé a llamarte mierdoza, querida provincia. Y digo querida porque hay muchas cosas que se escapan a tu pelotudez, falda de los andes, tinto hecho canción, magia pueblerina… Si sos de los que te quedás, concentrarse en esas cosas, seguir construyendo y nunca perder la sonrisa ni la patada en el orto, es la clave mágica para no ser un amargado rencoroso y darle sentido a la vida. Si sos de los que te vas, gitanos del arte, viajeros de tablados en el grotesco siglo XXI, es acertado llevarse lo bueno para tener siempre una excusa para regresar, visitar las querencias y partir de nuevo. La ruleta, como siempre ha pasado, va a salir de la idiotez y volver a tocarnos, los pueblos otra vez tomaremos conciencia, sino ¿por qué la gente después de tantos siglos sigue haciendo, a pesar de las derrotas, transformaciones positivas? Creo que nieztche fue el que dijo que los humanos somos disonancias hecha carne, freud el que le puso nombre a los impulsos de vida y de muerte, y la bersuit la que compuso la argentinidad al palo.

La vuelta a la vida, a mi humilde conjeturar, no se logrará a través de gobiernos que caen en el error, como el que hubo en argentina hasta ayer, de creer que un capitalismo nacionalista va a poder desarrollarse y llevarnos a otro paso superador. El capitalismo es un cáncer desde donde se lo mire, nunca va a ser “nacional y popular”, incluso desde los países occidentales “desarrollados” donde dicen que llegaron a un estado de bienestar social, pero lo que pulula detrás de sus casas confortables y sus necesidades materiales satisfechas, son zombies de culos pálidos que se están quedando estériles y que además “ignoran” que su “riqueza” está basada en la explotación de países pobres. A pesar de ello no soy pelotudo, y si la rueda no ha llegado al giro ideal donde el estado desaparezca y tengo que elegir que un títere porteño de las corporaciones, facho, mandibulín, careta, bruto y pro yanqui como macri no esté en el poder, obviamente que voy a votar en contra del suicidio social.

maxresdefaultEn argentina se logró salir de la crisis del 2001 con muchas iniciativas en favor del pueblo, pero no se dio el paso fundamental de transformación cultural política, lo que terminó por generar millones de seres con nuevos derechos sociales y con acceso al consumo de bienes materiales, pero también de bienes mentales saturados de odio y ausencia de conciencia, algo así como animalitos con aire acondicionado y delibery, que luego en elecciones como ésta salen como rebaño a escupir para arriba transformándose, aparte de suicidas, en vergüenza y papelón internacional.

Ahora, este es el meollo de la cuestión y adonde quiero llegar:

Estarán pensando que si planteo que la gente, cuando gira la ruleta, puede ser mayoritariamente político-pelotuda, me estaría contradiciendo al decir que no creo en el estado, porque si no creo en el estado es que creo en la gente, y si creo en la gente por qué decir que puede llegar a ser pelotuda. El tema de la pelotudez social es mayoritariamente inducida, justamente por la carnicería y mezquindad de la politiquería que domina a los estados, y por los poderes financieros internacionales que dominan a los estados, que son al fin y al cabo los que determinan en mayor medida las formas de relación social a través de todos sus medios de dominación. Por otro lado, no estoy diciendo que los pelotudos sean unos hijos de puta, no señor, no hay doce millones de oligarcas, el %90 de los que votaron por ellos son también pueblo, nada más que personas manipuladas y confundidas, repito: manipuladas y confundidas y no que piensan distino, ya que se puede diferir en las formas y creencias de como podemos llegar a ser una sociedad más justa, pero no en virar a la derecha más asquerosa que es, señores y señoras, hacerle daño a muchas pero muchas personas (y encima sólo para enriquecer a un par de, estos sí, soberanos hijos de puta). “Podés saltar de un trampolín, batir un récord en patín, y no tienes un poquito de amor para dar, yendo de la cama al living”.

La idea de eliminar al estado burgués no es un ideal desvariado o sin chances de lograrse (salvo que seas simpatizante de los típicos partidos de “izquierda”, esos que viven en la luna de valencia, esos que al fin y al cabo les gusta que gane la derecha para que haya conflictividad social que es de donde maman). Hay una persona, un sabio contemporáneo de la política que lo entendió, que conjugó su enorme liderazgo e inteligencia para trasladar realmente el poder al pueblo: Chávez. El comandante entendió que el estado occidentaloide nunca va a poder generar la sabiduría, el desarrollo y la alegría popular de forma plena y contundente, y que de esa manera, por más de que hayan estados progresistas, más temprano que tarde van a tener su propio macricidio. Propuso entonces un plan hermoso que revolucionó todos los postulados “revolucionarios” existentes en occidente: la conformación de un nuevo organigrama social que progresivamente vaya eliminando la injerencia del estado y que esté basado en las comunas, es decir los autogobiernos, pero reales, con poder y estructura real, nada de esa pelotudez que se ve en buenos aires que más que comunas vienen a ser uniones “vecinales” burguesas.

Fue su muerte prematura y el mismo estado que gobernaba el que boicoteó este proceso para ponerle palos en las ruedas. Aun sigue en pie, ya sin su orientación, con muchas contradicciones y terribles guerras “blandas” libradas en su contra por los poderes internacionales que pujan desde afuera y desde adentro, lo que les ha cauasado en estos días una derrota electoral transitoria, pero que así y todo sigue su marcha, con un pueblo admirable que después de venir padeciendo fuertes penurias materiales, lo siguieron apoyando por más del %40 (si en argentina hubiéramos sufrido una milésima parte de lo que están atravesando allá, la gente ya hubiera salido a pedir que volvieran los milicos).

El líder se nos fue o nos lo fueron. Quedará por ver en este otro giro más profundo de la ruleta qué otro camino habrá para lograrlo, ya que está claro, por la historia y por lo que está sucediendo actualmente en la región, que los caminos progresistas (los tibios y hasta los más radicales) se encuentran en un callejón sin salida por la vía electoral de la democracia representativa burguesa. Más que girar en círculos, la ruleta se mueve en espiral hacia adentro o hacia afuera, más lejos o más cerca del centro primordial pero nunca en un círculo enfermizo. Si logramos que nos dejen solos, vamos a poder decidir por nosotros mismos si queremos ser o no ser unos reverendos pelotudos.

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