La Vorágine

Revista Teatral

CORPOROSONANDO ENTRELAMIENTOS, por Gonzalo Domínguez

Escapar de las capturas de lo imaginario, las primeras costras siempre son semblantes sociales o deformaciones primerizas de las mismas. El imaginario social de cuerpo ancla la materia en una Unidad a fragmentar, a errotizarla para des-organ-izar lo físico y llevarlo a campo metafísico, yendo con el tiempo y la cultivación de la energía que se temporaliza en cada entrenamiento que va, hacia la constitución de una nueva manera de existir en el espacio-escena. (¿Vida?)

Se destruyen los semblantes sociales imaginarios por artificiales, repetidos y monogámicos. La proliferación de esencias y movimientos no vistos nutren la magia carnal del arte en proceso de desentierro. El cuerpo del actor puede anclarse en una verdad más profunda, en su ser mas interno y desconocido. Una cultivación regenerante de las coincidencias y correspondencias que no son más, que esos sentires de aparición contingente, de esas irrupciones-acontecimientos que se suceden en la práctica misma del movimiento. La practica entonces se constituye progresivamente, como si ella fuera un rescate material de las señales corporales que los secretos van dejando a modo de Enigmas Afectivos, porque en la danza o en la experimentación corporal LOS INTERROGANTES SON SENSORIALES, así se hacen presentes para fundar lo oculto como escape al laberinto del entrenarse sin formas ya figuradas por el poder sobre el cuerpo cotidiano.

Queda en el actor saber leer su propio cuerpo y la manera que tiene él mismo para desenrollar los pliegues donde descansa el arte en busca de salida.

Los ensayos son la generación de estructuras para esas salidas.
La producción de condiciones en las que, secretos y enigmas, se manifiesten en sus primeras formas, siempre débiles, estereotipadas y artificiales, para advenir luego, nueva existencia con todo lo que ello implica en torno a Tiempo Espacio Sentido y Afecto.

El movimiento de alguna verdad anclada en el goce del ser necesita enérgicos procesos de amase y de arquitexturación, para mostrarse en alguna est/ética de lo invisible, como ámbito de la verdad del  ser, y del camino hacia la emancipación posible con nuevas maneras de hacer existir la inexistencia donde los espectros gritan el falso destino de la humanimalidad.

El teatro revela y transforma.
El público escucha y vé, la inversión de su real desgracia, o no entiende nada, que es  más o menos lo mismo.

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Tema de Anders Norén