ESCENA 1

(Está la madre vestida con un delantal y guantes en la cocina. Parece fregar un trapo con otro trapo, enojada. Pasa caminando el hijo mayor con los brazos colgando. La madre lo mira y le tira furiosa un trapo. Se miran)

Madre: ¡¿Por qué llegas a esta hora?! ¡Te vas ya a tu pieza!

Hijo mayor: (Sereno) No me giraba la llave en la puerta, por eso me costó entrar…

Madre: ¡Te dije que te vayas! (Le tira el otro trapo)

Hijo mayor: No sé. Me voy a dormir.

Madre: ¡Llamá a tu hermano para que me ayude, y decile que se apure!

Hijo mayor: Tengo sueño. Si viene ella decile que me despierte. O no, mejor no. Como quieras.

Madre: Te pareces tanto a tu papá, esa es la cara que ponés cuando pensas en romper algo. ¡Te vas ya a tu habitación! 

Hijo mayor: No quiero discutir, chau.

ESCENA 2

Madre: Y esta mancha que no se sale. Mierda. Uy perdón (se fija que no haya nadie), pero sí, es mierda. Aunque no entiendo porqué las zapatillitas del nene tienen caca.
¡Nene! ¡Vení ya para acá!

Hijo menor: (Desde su cuarto) ¡Mamá no seas tonta, sabes perfectamente que no puedo hacer eso!

Madre: ¡Si te digo que vengas ya, es porque tenés que venir y no me discutás más!

Hijo menor: ¿Qué querés, que vuele?

Madre: ¿Por qué tenés caquita en la zapatilla?

Hijo menor: ¡Sabes perfectamente que no puedo hacer eso! ¿O no te lo explicó muy bien papá?

Madre: ¿Cómo sabes…? ¿Vos qué sabes de eso? (Preocupada)

Hijo menor: Ya no importa.

Madre: ¿Por dónde estuviste andando?

Hijo menor: La podes parar ya. Sabes perfectamente que yo no puedo.

Madre: ¿Podés venir de una vez por todas que tu papá está durmiendo?

Hijo menor: Pasame las zapatillas.

Madre: Pedimelo bien, yo no te eduqué así.

Hijo menor: Por favor.

(La madre le tira las zapatillas)

Hijo menor: ¡Las medias!, y un poco de talco. Por favor.

(Le pasa una par de medias rojas, y un tarrito de talco que hay sobre la mesada)

Madre: ¿Necesitás que te ayude?

Hijo menor: Sabes perfectamente que no podés mamá. Ya basta.

(Se escucha el ruido de pasos. La madre se sorprende)

Madre: ¡Es un milagro!

Hijo menor: Parece que no te acostumbrás mamá. Ese es el ruido de mis manos no de
mis pies.

Madre: Creí que mis rezos habían sido escuchados… ¿Algún día me escuchará?

(El hijo mayor aparece en pijama)

Hijo mayor: Sabes perfectamente que no puede escucharte…

Madre: No me hables así, vos. Hippie mugroso. No mereces haber sido bautizado…

Hijo mayor: Ser budista y tener una rasta no significa ser hippie, además no me dejaron elegir si quería que me bautizaran. Igual Yo los perdono (Hace una cruz sobre la frente de ella). Vine a buscar un yogurt, te dejo “Mamá”, chau… (Vuelve a su cuarto)

Madre: ¡Hay diosito cuando me vas a escuchar!  

¡Y vos nenito podés venir rápido que necesito ayuda acá!

Hijo menor: ¡No puedo!

Madre: ¡Vení te digo!

Hijo mayor: (Vuelve del cuarto) ¡Esto está vencido! ¡La puta madre!

Madre: ¡Nene!

Hijo mayor: ¿¡Qué!?

Hijo menor: ¡Ah!

Voz: ¡¡¡Silencio!!!

(Todos se quedan callados)

Hijo menor: ¿Ese fue papá?

Madre: No sé. Seguramente.

Hijo mayor: Mejor me voy a dormir… (Se va)

ESCENA 3

Hijo menor: ¿Así es la voz de papá?

Madre: Ya no importa… (Hay un silencio incómodo.)

(El hijo menor aparece en la cocina arrastrándose por el piso con las manos. Tiene los cordones muy largos y desatados. Llega a una silla y se sienta)

Madre: ¿Qué te he dicho de los cordones? ¡Atatelos que te vas a matar! Hoy en el noticiero salió que una niña murió en el parque mientras corría con los cordones desatados.

Hijo menor: ¿Tropezó?

Madre: Le dispararon. Por eso es tan importante hoy en día la seguridad. Atatelos.

Hijo menor: Mamá sabes muy bien que yo no puedo. Si los puedo atar, pero nunca me los podría pisar.

Madre: Mi nene. Si hasta podrías seguir tomando de la tasita de disney que tenías. Tan obsesionado con el Rey León.  (Le acaricia el cabello)

Hijo menor: Basta… (Enojado)

Madre: Pero no sé en qué me he equivocado. ¿Acaso no te di el cariño suficiente? Si siempre te festejé los cumpleaños, siempre estuve ahí para vos. Por mi parte de la familia nadie ha sido así. Debe ser la sangre tu padre…

Voz: ¡Basta!

Hijo menor: Ese no es papá…

Madre: No importa ya… Como te decía, eras un bebito y gateabas. Era algo normal ¿No? Pero por una razón que aún no comprendo, nunca desarrollaste la capacidad…

Hijo menor: ¿Podés cortarla ya?

(La madre comienza a cortar las verduras.)

Hijo menor: (Mira al vacío y se pone triste) ¡Dijiste que siempre estarías cuidándome, pero no es cierto!

Madre: ¿Con quién hablas?

Hijo menor: Ya no importa. ¿Llamo a papá?

Madre: (Se queda un largo tiempo en silencio, comienza a llorar) Mejor me voy a duchar y después termino de hacer la comida. Mientras tanto barreme el piso. Quiero que este limpio para cuando llegue.

Hijo menor: ¿Quién va a llegar?

Madre: ¡Hacelo!

(Se va y queda el hijo menor sólo)

ESCENA 4

(Se queda el hijo menor sólo en la cocina. Comienza a buscar la escoba. Se arrastra y la toma entre sus manos. Se vuelve a sentar. Comienza a barrer en el lugar.)

Hijo menor: Se creen que es fácil ser un… (Se enoja) Y se creen que es mi culpa, pero no. Nunca fue mi culpa. Si ella no hubiese…Y si papá. ¿O acaso se creen que no me doy cuenta cuando veo el álbum familiar, y no encuentro una sóla foto en la que salga conmigo? Hay muchas razones para que haya usado andador hasta hace unos años…Creo que en realidad me gustaba la sensación…las rueditas flojas y sueltas, moverme sin destino alguno, pasando como un rayo desde el pasillo hasta la cocina para robar una de las magdalenas rellenas de chocolate. Aunque al morir… Eso no importa, pero siempre me gustó sentirme…Tan…como en un sueño, lleno de fideos. (Cierra los ojos y se abraza a sí mismo)

Voz: ¡Ah!

Hijo menor: Las imágenes que produce el aroma de su cabello…ese olor a verduras de mamá, me sigue a todos lados. De los vestidos de mamá, siempre tan… Los psicólogos dicen que es el complejo de Edipo, y yo les digo que no, que no la quiero en realidad, tengo esta patética unión esquematizada de lo que se denomina familia… ¡Ya sé! Debería sacar fotos nuevas, ahora que en vez de usar andador sólo me arrastro. -¡Mírenme en la maratón! ¡Qué divertida esta caminata familiar!- ¡Cuidado con el auto! ¿Qué auto? … Siquiera silla de ruedas, porque no, “son para discapacitados”. (En tono de burla) ¡¿Y yo?! ¿Quién piensa en aquellos que todavía no aprenden a caminar? Todos creen que es algo fácil. Pero no…nadie lo sabe en realidad. Uno de estos días me voy de casa, aunque me tenga que arrastrar.

ESCENA 5

(Aparece la madre cantando, con las manos llenas de tierra, limpiándoselas en el delantal)

Hijo menor: ¿No te fuiste a duchar?

Madre: Si. A ver que termino de hacer la comida.

Hijo menor: ¿Qué pasó? ¿Por qué tenés tierra en las manos?

Madre: Tenía tierra. Es que choqué con una maceta cuando venía. Distraída que soy.

(Suena el timbre)

Madre: Voy yo.

ESCENA 6

(Entra Ella. Tiene un aspecto de muerta, y está completamente en silencio. Llega con un paraguas cerrado, aunque afuera no llueve. Dentro de la casa, abre el paraguas rompiendo algunas cosas, y se sienta cerca de la mesa, mirando al suelo)

Madre: Hay nena llegaste justo para ayudarme a cocinar.

Hijo menor: Mamá.

Madre: (No le presta atención, le habla a ella) Justo estaba haciendo una tarta de alcauciles y tenés cara de saber mucho de eso. Vos sos…Bueno no importa mientras tengás espíritu de cocinera.

Hijo menor: Má.

Madre: Te juro que ya no lo soporto más, es un pendejito malcriado. Es igual al padre, cuando lo veo me dan ganas de llorar.

Hijo menor: ¡Mamá!

Madre: Yo entiendo que ahora son puras risas y besuqueos y que los noviecitos…Pero yo tendría más cuidado con la gente con que me relaciono.

Hijo menor: ¡Me voy!

Madre: Sentate acá nena… ¡Ya sé! Te puedo enseñar la receta familiar.

(Ella se para al lado de la madre, mira para todos lados como buscando a alguien.)

Madre: Primero el juramento. Ponete derechita. (Toma un aire militar) ¡Yo juro! Perdón, no se jura… ¡Yo prometo! ¡Bajo ojo y pestaña del señor! ¡Proteger con mi vida, alma, corazón y sangre! ¡Los secretos reunidos en la receta familiar frente a cualquier intruso o intrusa que se atreva a atentar contra la seguridad individual, y en este caso grupal! ¿Querés que seamos una sociedad? ¡De la sociedad de las recetas nacionales! ¡Que así, sea!

(Ella, parece haber visto a alguien e intenta irse, la madre la agarra del cuello y la lleva a su lado)

Ella: ¡No soy de acá!

Madre: Shh no importa. Se me queda quietecita acá. Ahora sí, la receta.

Ella: ¡No soy de acá!

(Suena el teléfono)

Madre: ¿Hola? Sí ella habla ¿En serio la tiene usted? ¡No me diga! ¿Y cómo está? ¿Cómo que no ladra? Ah, que no va a ladrar más ¿Y por qué? ¿Un secuestro? Hay pobrecita encima que está vieja.
Si piensa que voy a pagar un rescate está muy equivocado. Mi marido…que le importa mi marido. ¡No me trate así carajo! ¡Pero mátela si quiere hombre! ¡La suya! (Cuelga muy enojada)

(Ella agarra el paraguas y lo vuelve a abrir en la cocina, rompiendo un florero que está sobre la mesa)

Ella: “Una sensación de quemadura ácida en los miembros, músculos retorcidos e incendiados, el sentimiento de ser un vidrio frágil, un miedo, una retracción ante el movimiento y el ruido. Un inconsciente desarreglo al andar, en los gestos, en los movimientos. Una voluntad tendida en perpetuidad para los más simples gestos, la renuncia al gesto simple, una fatiga sorprendente y central, una suerte de fatiga aspirante. Los movimientos a rehacer, una suerte de fatiga mortal, de fatiga espiritual en la más simple tensión muscular, el gesto de tomar, de prenderse inconscientemente a cualquier cosa, sostenida por una voluntad aplicada. Una fatiga de principio del mundo, la sensación de estar cargando el cuerpo, un sentimiento de increíble fragilidad, que se transforma en rompiente dolor.

Madre: Vos sabés nena que hace rato que me estoy aguantando para no tratarte mal. Veo en vos un futuro prometedor. Sos jovencita, y yo también lo quiero ser para poder criar a mi nietito. Y él, es el único que puede, ya que el más chico…no sé si no puede…para mí que no…

ESCENA 7

(Aparece el hijo mayor)

Hijo mayor: ¿Qué hacés acá?

(Ella lo mira, se quiebra en el llanto y se va corriendo por la puerta. La madre que había estado observando todo se queda aguantando la risa. Él se acerca a la madre, se le pone cara a cara respirando fuertemente. Se aleja y se va de la casa. La madre se queda sóla sonriendo. Al minuto él vuelve…Recoge un gorro coya que olvidó. Se va)

Madre: Esto es un desastre. Vivo en la mierda escenificada.

(Golpean la puerta. La madre abre. Es ella que entra rápidamente y recoge el paraguas que había quedado abierto.)

Ella: Pues fue precisamente después de una conversación con el doctor Gachet que Van Gogh, como si nada pasara, entró en su cuarto y se suicidó. Yo misma he estado 9 años en un asilo de alienados y nunca tuve la obsesión del suicidio, pero sé que cada conversación con un psiquiatra, por la mañana a la hora de la visita, me hacía surgir el deseo de ahorcarme, al comprender que no podría degollarlo. No hay nadie que haya jamás escrito, o pintado, esculpido, modelado, construido, inventado, a no ser para salir del infierno.

(Se para en la puerta, cierra el paraguas y se va)

ESCENA 8

(La madre se sienta en la cocina y prende la televisión. Pasa varios minutos viendo la tele y riendo de a ratos. El hijo menor arrastrándose se sienta al lado de la madre. Ven la televisión…se ríen de a ratos, nunca los dos al mismo tiempo. Se comienzan a escuchar gritos desde adentro, gritos espantosos de desesperación. La misma voz que antes se había escuchado gime de sufrimiento. La madre apaga la televisión)

Hijo menor: ¿Por qué no me mataron?

Madre: No fue mi decisión. Si matar estuviese bien…Pero los tiempos cambian nene.

Hijo menor: Vos que sabés mucho mamá… ¿Los ángeles existen?

Madre: (Se queda en silencio. Se va para el otro cuarto llorando)

ESCENA 9

Hijo menor: He digerido las espinas, y la lluvia en mis fronteras ha encontrado los canales de tierra que me liberarán. Ahora sé que es verdad, mamá también lo sabe. Es verdad que todo lo que existe es mentira. Que los símbolos. Y que esas cosas que no terminamos de decir…Es por eso que…

ESCENA 10

(La madre vuelve con las manos ensangrentadas)

Hijo menor: ¿Qué pasó?

Madre: (Muy nerviosa) Venía caminando…y una maceta…

Hijo menor: (Se va arrastrando hacia el pasillo…)

Madre: (Sigue cocinando, con desesperación. Comienza a recitar el juramento)

Hijo menor: (Desde adentro) ¡Mamá qué es esto!

Madre: ¿Qué cosa?

Hijo menor: Hay sangre por todo el pasillo…

Madre: ¿Ya te fijaste si no es tuya?

Hijo menor: Ya me fijé…

Madre: Entonces será… la sangre de la perra…

Hijo menor: ¿De blanquita? Entonces papá…

Madre: Nene vení…

Hijo menor: Debe ser que…

Madre: ¡Vení ya para acá!…Vení acá al lado mío… (Cuando él se sienta cerca, ella le pega una cachetada) ¡Llegás a hablar otra vez de papá y te cago a trompadas, sabés pendejo de mierda!

(Hay un silencio incómodo. Se ponen a ver la televisión los dos durante varios minutos. Hay gritos de sufrimiento adentro.)

ESCENA 11

(Entra el hijo mayor desesperado, cargando algo entre sus brazos, no se alcanza a ver bien que lleva)

Hijo mayor: ¡Blanquita! Parece que no respira…Yo venía caminando y vi como la chocaron. Hay que hacer algo por favor.

Hijo menor: ¡Dejala ahí en el piso, dale aire algo!

Hijo mayor: Yo no sé cómo hacer.

Hijo menor: Dejame a mí correte. (Le comienza a dar respiración boca a boca a algo invisible)

Madre: Nene ahí no hay nada.

Hijo menor: No respira. (Repite la acción)

Madre: No hay nada ahí, le estas dando aire al aire. (Ríe)

Hijo mayor: (Dirigiéndose a la madre) Poné algo de música, ¡Rápido!

(La madre prende el televisor y sube el volumen al máximo. Suena el himno nacional argentino)

Hijo menor: No respira, algo está saliendo mal.

Hijo mayor: Por favor hacé algo.

Hijo menor: (Silencio) Está muerta.

Hijo mayor: Blanquita. (Se arrodilla y llora)

Madre: No hay nada ahí.

Hijo mayor: Es que ya murió. Se fue.

Madre: Nunca estuvo acá.

Hijo mayor: Para vos nunca estuvo acá, para vos nunca nadie estuvo acá. Lo que no ves también se muere, ¿Sabías?

Madre: Vos hablás muchas pelotudeces chiquito.

Hijo mayor: Me voy de casa, no soporto más esta situación de mierda. ¿Venís conmigo? (Dirigiéndose a su hermano)

Hijo menor: (Los mira y comienza a atarse los largos cordones. Se pone de pie por primera vez, tambaleándose, y corre a su cuarto a buscar su bolso. El hijo mayor abre la puerta y Ella los espera con el paraguas abierto)

Madre: ¡Esperen! (Pausa)

Yo la maté.

Hijo mayor: (Pausa) Ya lo sabíamos.

Madre: No hablo de blanquita. Bueno a blanquita también. Pero lo que quiero decirles es que…Yo maté a su madre hace muchos años ya.

Hijo mayor: (Mira a su hermano, la mira a Ella) Ya lo sabíamos…Y a papá también.

Ella: Las cosas van mal porque le conciencia enferma tiene el máximo interés, en este momento, en no salir de su enfermedad

Hijo menor: (Se acerca a la madre, le da un beso y un abrazo) No creo que te volvamos a ver.

Hijo mayor: Vamos…

(Se van los tres dejando a la madre sóla que apaga la luz y se sienta a ver la televisión. Suena el himno nacional argentino, finalmente se apaga el televisor dejando el cuarto en una oscuridad total)

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